27 de julio de 2026

Derrumbe en la industria textil: más de 18 mil empleos formales perdidos por el fuerte avance importador

La pregunta de fondo es si la actual reconfiguración constituye una transición hacia una industria más eficiente e integrada al mundo o si, por el contrario, implica una desarticulación difícil de revertir. Por ahora, los datos evidencian que el costo del reordenamiento recae principalmente sobre el empleo formal y la escala productiva de uno de los sectores históricamente más intensivos en trabajo de la economía argentina.

En abril, todas las ramas industriales registraron caídas de producción, pero las más afectadas fueron la industria automotriz (-88,5 %), la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado (-79,1 %), la de materiales para la construcción (-70,7 %), las industrias metálicas básicas (-65,2 %), la manufactura de tabaco (-59,5 %), la industria textil (-57,8 %) y la de maquinaria y equipo (-45,1 %). EFE/Woo He/Archivo

La industria textil argentina atraviesa una de las crisis más profundas de los últimos años. De acuerdo con datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 el sector perdió 18.333 puestos de trabajo registrados, una caída del 15,1%, la más pronunciada dentro de la industria y una de las más severas de toda la economía.

El impacto no se limitó al empleo. Según la Fundación Pro Tejer, en el mismo período cerraron 558 establecimientos de la cadena de valor, lo que implica una contracción del 9% del entramado productivo. Las ramas de indumentaria y cuero y calzado, intensivas en mano de obra y con fuerte presencia de pymes, fueron las más afectadas. En un sector donde la informalidad en confecciones ronda el 72%, la pérdida real de puestos de trabajo —más allá de los registrados— podría ser aún mayor.

Los datos productivos confirman la magnitud del retroceso. El Índice de Producción Industrial del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) mostró que el textil fue el rubro más golpeado en 2025, con una caída acumulada del 5,7%. Más preocupante aún es la utilización de la capacidad instalada: los productos textiles operaron en noviembre al 29%, el nivel más bajo de la serie histórica con excepción de los meses más críticos de la pandemia. En términos interanuales, los desplomes alcanzan casi el 50% en algunos segmentos.

En paralelo, las importaciones crecieron con fuerza: 97,3% interanual en indumentaria, 121,2% en otros textiles y 25,2% en calzado. Las compras externas de ropa alcanzaron US$681 millones —máximo histórico en moneda constante— y el canal courier se expandió más de 270%, impulsado por plataformas internacionales. Este fenómeno no solo amplió la oferta de productos importados, sino que aceleró la competencia directa sobre la producción local.

El debate, sin embargo, excede la dicotomía entre “industria cara” e “importaciones baratas”. El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, planteó que los precios locales —incluso en mercados informales como La Salada o la calle Avellaneda— pueden equipararse a los de China, lo que revela distorsiones acumuladas en una cadena productiva compleja y altamente fragmentada. Su diagnóstico sugiere que el problema no es solo la competencia externa, sino la estructura de costos y regulaciones que condiciona a la industria nacional.

El ajuste, en términos económicos, no fue neutro. Parte del empleo formal perdido se desplazó hacia el cuentapropismo y la informalidad, profundizando la precarización laboral. Así, el mercado muestra precios más competitivos, pero a costa de menor producción local, menos empleo registrado y un tejido empresarial más debilitado.

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