10 de mayo de 2026

Domingo y homenaje a Leopoldo Lugones por quien los escritores celebran hoy su día

Para recordar a Leopoldo Lugones, poeta, cuentista, ensayista y novelista argentino se celebra todo los 13 de junio en nuestro país, el «Día del Escritor».  El homenaje y el reconocimiento para quien fuera el principal exponente del modernismo literario, porque su obra es considerada como la inauguración, en lengua castellana, de toda la poesía moderna en estas latitudes del mundo.

El «Día del Escritor» se celebra en honor a su nacimiento, un 13 de junio de 1874. Lugones fue el primer escritor en usar el verso libre en la literatura de habla hispana, y con sus cuentos se transformó en el pionero y precursor de la literatura fantástica y de la ciencia ficción en Argentina.

Nació en Villa María del Río Seco, Córdoba y en 1928 fundó junto con Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Baldomero Fernández Moreno y el santiagueño Ricardo Rojas, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).

El 18 de febrero de 1938, Lugones se quitó la vida en un recreo del Delta de San Fernando llamado paradójicamente «El Tropezón», al ingerir cianuro de potasio mezclado con whisky.

La SADE declaró el 13 de junio como el “Día del escritor” en Argentina en homenaje a una de las mentes más brillantes de la literatura argentina en la primera mitad del siglo pasado.

Diario La Pluma quiere recordar a Leopoldo Lugones con dos de sus poemas y saludar a los escritores que hacen del mundo de los sentidos, su lugar de pertenencia:

Historia de mi muerte

Soñé la muerte y era muy sencillo:
Una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo
con una vuelta menos me ceñía.
Y cada beso tuyo
era un día.
Y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte es muy sencilla.

Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por un sólo cabo entre los dedos…
Cuando de pronto te pusiste fría,
y ya no me besaste…
Y solté el cabo, y se me fue la vida.

Las manos entregadas

El insinuante almizcle de las bramas
se esparcía en el viento, y la oportuna
selva estaba olorosa como una
mujer. De los extraños panoramas

surgiste en tu cendal de gasa bruna,
encajes negros y argentinas lamas,
con tus brazos desnudos que las ramas
lamían, al pasar, ebrias de luna.

La noche se mezcló con tus cabellos,
tus ojos anegáronse en destellos
de sacro amor; la brisa de las lomas te envolvió en el frescor de los lejanos
manantiales, y todos los aromas
de mi jardín sintetizó en tus manos.

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