25 de mayo de 2026

Distribuir alimentos bajo fuego: el drama humanitario y militar que asfixia a Gaza

La escena es cada vez más frecuente y cada vez más inaceptable: civiles palestinos agolpados en puntos de distribución de alimentos, rodeados por el eco de los disparos y el temor de no volver con vida. El pasado domingo 9 de junio, otro episodio de esta desgarradora rutina dejó múltiples víctimas en las inmediaciones de Rafah, donde un tiroteo en un centro de asistencia administrado por la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF) terminó en tragedia.

Ph: BBC

El lugar había sido habilitado con apoyo logístico de Estados Unidos e Israel para mitigar la emergencia alimentaria en el sur del enclave. Sin embargo, según testigos, el Ejército israelí abrió fuego tras detectar “movimientos sospechosos” en una zona que consideran de combate activo. Algunos supervivientes relataron incluso la intervención de tanques y disparos que impactaron en personas que simplemente huían. La escena, lejos de ser aislada, se repite con alarmante frecuencia.

Desde que se implementó este nuevo sistema de distribución, el Ministerio de Salud de Gaza contabiliza más de 120 muertos y cientos de heridos por incidentes similares. Aunque las fuerzas israelíes han insistido en que los disparos responden a amenazas puntuales, diversas organizaciones y analistas cuestionan la estrategia de asistencia humanitaria, que ubica a la población civil en corredores de altísimo riesgo.

Los puntos de distribución de alimentos, en teoría espacios seguros y organizados para la ayuda, se están transformando en escenarios de muerte. Esta paradoja expone una contradicción brutal: la asistencia humanitaria, lejos de ofrecer alivio, está inmersa en el mismo engranaje de violencia que devasta Gaza desde hace meses.

La crisis humanitaria es profunda, pero también lo es la crisis de confianza en las estructuras que deberían ofrecer ayuda. ¿Es posible distribuir comida sin poner en riesgo a quienes la necesitan? ¿Qué clase de cooperación internacional permite que centros de ayuda operen en zonas donde la vida humana carece de garantías mínimas?

La tragedia de Rafah refleja el fracaso colectivo para separar la asistencia humanitaria de la lógica bélica. En lugar de reducir el sufrimiento, el actual modelo parece amplificarlo al convertir a los hambrientos en objetivos colaterales.

Mientras los disparos sigan marcando el ritmo de la ayuda, cualquier esfuerzo por alimentar a Gaza será insuficiente, y posiblemente letal. Lo que está en juego no es solo la vida de quienes esperan comida. Es también la credibilidad de un sistema internacional que, hoy por hoy, no logra proteger ni siquiera a los más vulnerables.

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