18 de abril de 2026

Desgaste y crisis económica: cae la aprobación de Javier Milei mientras se estabiliza la imagen de Axel Kicillof

La última encuesta de la consultora Zentrix refleja un cambio significativo en el clima político argentino, marcado por el deterioro en la imagen y la evaluación de la gestión de Javier Milei durante marzo. La desaprobación alcanzó el 53,3%, con un salto de 8,3 puntos respecto de la medición previa, mientras que la aprobación descendió al 38,5%, consolidando un diferencial negativo que evidencia un giro en la percepción pública.

Este desplazamiento no puede analizarse de forma aislada. Los datos sugieren una relación directa entre el humor social y el contexto económico: caída del poder adquisitivo, ingresos rezagados frente a la inflación y un aumento del endeudamiento para cubrir gastos básicos.

En este escenario, la evaluación del Gobierno aparece cada vez más vinculada a la experiencia cotidiana de los hogares, donde el ajuste ya no se percibe como una expectativa futura sino como una realidad concreta.

El elemento distintivo del momento actual es la convergencia entre percepción personal y evaluación general del país. A diferencia de etapas anteriores, donde las expectativas podían amortiguar el impacto económico, hoy el margen de tolerancia social parece haberse reducido. Cuando el deterioro económico se materializa en el día a día, la legitimidad de la gestión se vuelve más vulnerable, y la caída en la aprobación presidencial emerge como una consecuencia estructural más que coyuntural.

En paralelo, la figura de Axel Kicillof muestra una dinámica distinta. Aunque su imagen continúa en terreno negativo —con 33,8% de valoración positiva frente a un 57,2% de negativa—, marzo introduce una leve estabilización tras meses de caída sostenida. Este cambio interrumpe, al menos temporalmente, la tendencia descendente que se profundizó luego de la derrota electoral del peronismo.

Sin embargo, el escenario para el gobernador bonaerense sigue siendo desafiante. Su nivel de aprobación permanece anclado en torno al 30%, con un rechazo elevado que limita su capacidad de ampliar su base de apoyo. La incógnita es si esta pausa en la caída representa el inicio de una recomposición política o simplemente una meseta en niveles bajos.

En conjunto, los datos configuran un escenario donde tanto oficialismo como oposición enfrentan restricciones claras: el primero condicionado por el impacto del ajuste económico sobre la vida cotidiana, y el segundo por dificultades para capitalizar plenamente ese desgaste. La evolución de ambas figuras dependerá, en gran medida, de cómo se reconfigure la relación entre expectativas económicas y experiencia social en los próximos meses.

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