13 de mayo de 2026

Desde la UIA aseguran que se pierden hasta 1.500 empleos por mes en medio de la caída del consumo

El diagnóstico del presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, deja en evidencia un escenario preocupante: la industria nacional está en terapia intensiva y sin señales claras de recuperación. “Desde marzo estamos viendo una pérdida mensual promedio de entre 1.000 y 1.500 empleos en la industria. Desde abril los indicadores se mantienen estancados”, advirtió en diálogo con Radio Rivadavia.

El dato no es menor. Mientras algunos sectores como alimentos y farmacéutica logran mantenerse a flote, otros –construcción, cuero y calzado– se hunden con caídas de entre el 15% y el 20%. En el caso de materiales para la construcción, textil y calzado, la contracción llega al 30%, golpeando de lleno a la cadena productiva y al empleo.

Aunque Rappallini expresó reparos frente a la apertura de importaciones promovida por el Gobierno de Javier Milei, evitó culparla de manera directa por la pérdida de puestos de trabajo. “La importación tiene un impacto, sí, pero la preocupación central es la caída de la actividad económica. Cuando la demanda se retrae, la industria sufre”, sentenció.

El titular de la UIA también dejó al descubierto las estrategias desesperadas que muchas empresas implementan para evitar cierres: suspensiones, acuerdos salariales parciales y postergación de aportes. “Es algo habitual en contextos de crisis”, reconoció. Sin embargo, el trasfondo es más grave: la parálisis del consumo y los elevados costos financieros colocan a la producción en una trampa difícil de sortear.

Rappallini insistió en dos ejes de debate que la dirigencia política parece seguir postergando: una reforma laboral y, sobre todo, una reforma impositiva que alivie la carga sobre el sector productivo. “Si no corregimos las distorsiones acumuladas en las últimas dos décadas, va a ser muy difícil competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo”, remarcó.

El panorama se agrava con las altísimas tasas de interés, que ya empiezan a reflejarse en un aumento de la morosidad y el rechazo de cheques. “Aún no se ve el impacto directo, pero si no bajan pronto, va a complicar mucho más el panorama”, advirtió el dirigente industrial.

En definitiva, el diagnóstico es claro: la industria argentina atraviesa una tormenta perfecta de recesión, falta de crédito y costos asfixiantes. La pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo más podrá resistir sin que la sangría de empleo se convierta en un problema social de mayor envergadura.

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