24 de junio de 2026

De la “macro ordenada” a la olla vacía: en Trelew ya se vende carne de burro

En una postal que sintetiza con crudeza la distancia entre los discursos oficiales y la vida cotidiana, en la ciudad de Trelew comenzó a comercializarse carne de burro, una iniciativa presentada como innovadora pero que, en el trasfondo, deja al descubierto la profundidad de la crisis económica que atraviesa amplios sectores productivos y sociales.

El hecho, que rápidamente encendió la polémica en redes sociales, no solo generó sorpresa por el producto en sí, sino por lo que representa: una señal de hasta qué punto se deterioró el poder adquisitivo y se reconfiguraron los hábitos de consumo.

Mientras desde el Gobierno se insiste en que las variables macroeconómicas muestran signos de ordenamiento, en la microeconomía —la del día a día— el panorama es muy distinto: los ingresos pierden contra la inflación y el acceso a alimentos tradicionales se vuelve cada vez más restrictivo.

Según consignó ABC Diario, el impulsor del proyecto, el productor Julio Citadini, defendió la calidad del producto, asegurando que se trata de una carne “suave, nutritiva y comparable con la vacuna”, además de cumplir con los controles sanitarios correspondientes. Sin embargo, el eje del debate excede lo bromatológico. La pregunta que sobrevuela es otra: ¿se trata de una innovación productiva o de una adaptación forzada ante el colapso de actividades tradicionales?

La carne comenzó a venderse en una carnicería local como parte de una prueba piloto, en un contexto donde la producción ovina —históricamente central en la región— dejó de ser viable debido a factores como la depredación y la falta de rentabilidad. Frente a ese escenario, la cría de burros emerge no tanto como una elección estratégica, sino como una salida de supervivencia.

Actualmente, el emprendimiento cuenta con alrededor de 150 animales y proyecta expandirse, incluso explorando mercados como el del cuero. Aun así, el carácter “pionero” del proyecto en Argentina no necesariamente es sinónimo de progreso: también puede leerse como un síntoma de retroceso en la estructura productiva.

El caso de Trelew pone en evidencia una tensión cada vez más marcada: la desconexión entre los indicadores macroeconómicos y las condiciones reales de vida. Porque mientras los números pueden mostrar equilibrio en las planillas, en la mesa de los argentinos empiezan a aparecer señales de ajuste que difícilmente puedan maquillarse con relatos optimistas.

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