Cristina Kirchner en el Día de la Lealtad: «El 26 de octubre es Milei o Argentina»
Desde Constitución, la exmandataria no solo buscó interpelar a la militancia peronista sino también instalar un marco binario para las elecciones legislativas: “El 26 de octubre es Milei o Argentina”.

En un nuevo Día de la Lealtad, Cristina Fernández de Kirchner volvió a ocupar el centro de la escena política con un discurso cargado de simbolismo y definiciones estratégicas.
Su mensaje, lejos de ser un repaso conmemorativo, se centró en contrastar la situación actual con el hito fundacional del 17 de octubre de 1945. Al evocar aquel momento como el despertar de la conciencia nacional, Cristina buscó reactivar la memoria colectiva de los derechos conquistados y advertir sobre lo que considera un retroceso bajo la actual gestión.
La comparación entre la figura de Perón y el presente —“80 años después, es Bessent o Perón”— apunta a ligar la política económica del Gobierno con la influencia de actores externos, en especial de Estados Unidos.
La ex presidenta también se presentó como víctima de persecución judicial, denunciando que mientras ella atraviesa prisión por causas que califica de “armadas”, el oficialismo continúa con políticas que benefician a sectores financieros y endeudan al país. Esa contraposición entre “los que sufren” y “los que especulan” le permitió reforzar la narrativa peronista clásica de representación de los sectores populares.
Cristina utilizó además el escenario para proponer soluciones concretas, como una ley de segunda oportunidad para hogares endeudados, en línea con su intención de mostrarse como referente de un proyecto alternativo al rumbo libertario.
En clave electoral, su intervención funcionó como un llamado a reorganizar al peronismo en torno a una nueva mayoría social. Al afirmar que Milei cuenta con el respaldo de organismos y fondos internacionales pero no con el voto de los trabajadores, Cristina buscó reposicionar al movimiento peronista como el verdadero contrapeso político frente al Gobierno.
La estrategia de la expresidenta se puede leer como una reactivación de la polarización: reconstruir la identidad del peronismo desde la resistencia, instalar que el oficialismo gobierna para intereses externos y marcar la elección como una disyuntiva existencial.
En este escenario, Cristina intenta devolverle al peronismo centralidad en el tablero opositor y, al mismo tiempo, revitalizar a su base con un mensaje claro: no se trata solo de votar, sino de defender un modelo de país frente a otro que, a su entender, amenaza con desmantelar los derechos históricos de los argentinos.
