Crisis yerbatera: 50 mil familias enfrentan el riesgo de quedarse sin ingresos
Con costos en aumento, precios insuficientes y una creciente concentración del negocio, las 50.000 familias que dependen de la actividad enfrentan un panorama de incertidumbre. Desde el sector advierten que, sin cambios en las condiciones de comercialización y una mejora en los valores que reciben los productores, la continuidad de numerosas chacras podría quedar seriamente comprometida.

La desregulación del sector, el aumento de los costos de producción y la caída de la rentabilidad profundizan la crisis de los productores de yerba mate en Misiones.
Unas 50.000 familias dependen de esta actividad y atraviesan una situación económica cada vez más difícil. Desde el sector advierten que producir dejó de ser rentable y que muchos agricultores están al borde de la quiebra.
La actividad yerbatera atraviesa una de las etapas más complicadas de su historia reciente. La eliminación de las facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) para establecer precios mínimos de referencia, impulsada mediante el DNU 70/23, modificó las condiciones de comercialización y dejó a los pequeños productores en una posición de mayor vulnerabilidad.
A este escenario se suma una caída superior al 5% interanual en la cosecha acumulada durante 2026. Mientras numerosos agricultores acumulan deudas y otros se trasladan temporalmente a países vecinos en busca de ingresos, el Gobierno nacional sostiene que la desregulación favoreció la reducción de los precios al consumidor y el crecimiento de las exportaciones.
El presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte (ACPYN), Julio Petterson, describió la gravedad de la situación en declaraciones a la Agencia Noticias Argentinas. Según explicó, los productores deben afrontar costos crecientes sin recibir una remuneración que les permita cubrir los gastos de la actividad.
Petterson sostuvo que el precio de la hoja verde debería ubicarse entre los $630 y $640 por kilo para compensar los costos de producción, la inflación y los recientes aumentos de los combustibles.
Sin embargo, actualmente los agricultores reciben entre $230 y $280 por kilo de hoja verde entregada en secadero. La diferencia entre esos valores y los costos reales de producción provoca que numerosos establecimientos trabajen a pérdida.
El dirigente también cuestionó el impacto de la desregulación sobre el sector primario y advirtió que el nuevo esquema de comercialización perjudica especialmente a los pequeños productores, que tienen escaso poder de negociación frente a los grandes compradores.
Uno de los principales reclamos del sector apunta a la distribución de los ingresos dentro de la cadena yerbatera. Petterson señaló que los agricultores reciben actualmente cerca del 4% del valor final del producto, cuando históricamente su participación había sido considerablemente mayor.
Como ejemplo, recordó que durante la década de 1990, en un contexto económico complejo, los productores llegaron a percibir una participación del 8% sobre el precio del paquete en góndola.
El dirigente aseguró que las mayores ganancias quedan concentradas en los grandes molinos y acopiadores, mientras que los agricultores deben afrontar los costos y los riesgos de la producción.
Según sus estimaciones, sobre un volumen de mil millones de kilos de hoja canchada, las diferencias económicas acumuladas representan una suma considerable que no llega a las miles de familias que trabajan en las chacras misioneras.
El crecimiento comercial no beneficia al productor
Pese a las dificultades que atraviesa el eslabón primario, el mercado yerbatero muestra señales de crecimiento tanto en el consumo interno como en las exportaciones.
Sin embargo, Petterson advirtió que esa expansión comercial no se refleja en una mejora de los ingresos de los agricultores. Por el contrario, la brecha entre los precios que reciben los productores y los valores de venta del producto terminado continúa profundizándose.
La crisis también tiene consecuencias sociales. El dirigente señaló que, ante la pérdida de poder adquisitivo, algunas familias recurren al consumo de yerba mate para reemplazar comidas y sobrellevar las dificultades económicas.
