Crisis en la Casa Rosada: Milei entre gritos, mercados en rojo y rumores de cambios en el gabinete
Lo que debía ser una elección legislativa provincial terminó funcionando como un plebiscito sobre la gestión nacional: el oficialismo recibió un duro revés en el distrito más poblado del país y el impacto se hizo sentir con fuerza en la Casa Rosada y en los mercados.

La derrota histórica de Javier Milei en la provincia de Buenos Aires desató una tormenta política y económica que exhibe las debilidades estructurales del gobierno libertario.
Según trascendió, el Presidente reaccionó con gritos y reproches en la primera reunión postderrota, evidenciando la fragilidad de su liderazgo y la falta de respuestas de su equipo económico. Según consignó el portal de noticias m1, la ausencia de Luis Caputo, su ministro de Economía y hasta hace poco figura central en la estrategia oficial, alimenta rumores sobre su posible salida en un contexto en el que el dólar se dispara, los bonos se hunden y el riesgo país vuelve a superar los 1.000 puntos básicos.
La tensión política se traduce en desconfianza financiera. Las acciones argentinas que cotizan en Wall Street sufrieron caídas de hasta el 15%, encabezadas por Grupo Financiero Galicia, Edenor y BBVA. El derrumbe de los ADRs no es solo una reacción coyuntural: refleja el descreimiento de los inversores frente a un programa económico que perdió sustento político tras la derrota bonaerense. La narrativa oficial de orden fiscal y disciplina monetaria se muestra insuficiente ante la combinación de fragilidad social y falta de resultados tangibles.
El contraste entre Milei y Axel Kicillof fue brutal. Mientras el gobernador bonaerense consolidó su liderazgo político con un triunfo aplastante, el Presidente quedó descolocado, sin la templanza necesaria para procesar una derrota y con un gabinete que empieza a mostrar grietas. El hecho de que figuras claves como Caputo, Sandra Pettovello y Guillermo Francos hayan brillado por su ausencia en el búnker libertario agrava la percepción de aislamiento del mandatario.
La situación expone un dilema profundo: un gobierno que perdió su primera gran prueba electoral, que enfrenta un creciente rechazo social y que además ve resquebrajarse el respaldo del mercado, hasta ahora su único sostén. El discurso de Milei de “redoblar medidas” tras la derrota suena más a obstinación que a plan, mientras la realidad política y económica le exige correcciones urgentes.
La pregunta que sobrevuela es si el Presidente podrá recomponer autoridad y credibilidad o si su administración entrará en una fase de desgaste acelerado. La tensión en la Casa Rosada, los gritos de Milei y el desplome de las acciones argentinas parecen ser apenas el primer síntoma de una crisis más profunda: la de un modelo que pierde legitimidad tanto en las urnas como en los mercados.
