Crisis, ausencias y disputas: sin Cristina Kirchner, el PJ reunió a su congreso
El futuro del PJ dependerá de su capacidad para abrir el juego, renovar liderazgos y construir un proyecto político capaz de contener la diversidad de un movimiento históricamente heterogéneo, pero hoy peligrosamente disperso.

El Congreso Nacional del Partido Justicialista (PJ) se reunió este martes en modalidad virtual en un clima atravesado por fuertes tensiones internas, una notoria ausencia de liderazgos clave y un golpe judicial inesperado.
La falta de Cristina Fernández de Kirchner —titular del partido— y el fallo de la jueza federal María Servini que anuló la intervención del PJ en Salta marcaron una jornada que expuso, una vez más, la crisis de conducción que atraviesa el peronismo en su versión actual.
El evento, encabezado por Gildo Insfrán, gobernador de Formosa y presidente del Congreso partidario, tuvo una agenda técnica: revisión de estados contables, comisiones de poderes y normalización de distritos. Sin embargo, el contenido político de fondo giró en torno a la creciente fractura entre sectores del justicialismo, el cuestionamiento al verticalismo impuesto por el kirchnerismo, y la disputa territorial en provincias clave.
El golpe judicial: Servini y el PJ de Salta
En paralelo al encuentro, la jueza María Servini dictaminó la nulidad de la intervención del PJ salteño, medida que había sido impulsada por el kirchnerismo en febrero tras la decisión de legisladores locales de acompañar iniciativas del presidente Javier Milei. El fallo no solo representa un revés jurídico, sino también simbólico: le pone límites al intento de disciplinamiento interno mediante la intervención de estructuras provinciales y da aire a sectores que reclaman mayor autonomía frente a la conducción central del partido.
Esteban Amat Lacroix, titular del PJ de Salta y cercano al gobernador Gustavo Sáenz, fue uno de los impulsores del reclamo judicial y denunció que se buscó “amedrentar” a las autoridades locales por apoyar a Ricardo Quintela en una interna contra Cristina Kirchner. Su acusación va más allá del caso salteño: pone en discusión el intento de controlar las listas y la vida orgánica del partido desde Buenos Aires, especialmente desde el círculo cercano a la ex presidenta.
Un Congreso vacío de liderazgos
La ausencia de Cristina Kirchner no pasó inadvertida. Su silencio y no participación dejaron sin ancla visible a un partido que sigue orbitando alrededor de su figura, aunque con menor gravitación electoral y simbólica desde la derrota de 2023. Tampoco participaron referentes importantes como el gobernador Axel Kicillof, quien se excusó por la emergencia climática en su provincia, ni el riojano Ricardo Quintela, el pampeano Sergio Ziliotto, el catamarqueño Raúl Jalil ni el tucumano Osvaldo Jaldo.
El Congreso del PJ evidenció, así, un vacío de poder y una fragmentación territorial cada vez más pronunciada. Aunque estuvieron presentes dirigentes de peso como “Wado” de Pedro, Lucía Corpacci y Juan Manzur, el núcleo duro del peronismo gobernante mostró fisuras y ausencias que dificultan cualquier intento de relanzamiento partidario.
Críticas internas: un partido sin debate real
Las voces disidentes dentro del peronismo también hicieron oír su malestar. El intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, volvió a cargar contra el modo de funcionamiento del partido: “¿Cómo vamos a hacer una revolución por Zoom?”, ironizó, en clara alusión al vaciamiento político de los espacios orgánicos y al método de toma de decisiones concentrado en pocos actores. Gray, enfrentado con Máximo Kirchner desde hace años, representa un sector que reclama mayor horizontalidad y apertura en el PJ.
Este tipo de reclamos no son nuevos, pero adquieren nueva potencia en un momento en que el peronismo atraviesa una de sus mayores crisis de representatividad. Con el oficialismo nacional en manos de Javier Milei y con una coalición opositora fragmentada, la falta de conducción clara y consensuada amenaza con convertir al PJ en una estructura meramente testimonial.
¿Y ahora qué?
El congreso partidario dejó más interrogantes que certezas. ¿Puede el PJ reinventarse sin Cristina Kirchner a la cabeza? ¿Será capaz de articular una estrategia nacional sin recurrir al disciplinamiento vertical ni a intervenciones territoriales? ¿O estamos asistiendo al ocaso de un modelo de conducción que ya no interpela a la base ni a las nuevas generaciones?
El revés judicial y las críticas internas marcan un punto de inflexión. El peronismo enfrenta el desafío de redefinir su identidad y su estrategia en un contexto donde el liderazgo carismático ya no alcanza y la fragmentación amenaza con profundizarse.
