Creció el gasto público real más de un 10%: ¿A dónde va la plata?
El gasto público primario del Estado nacional creció un 11,4% real interanual en el primer trimestre del año, según un informe de la consultora Analytica.

Esta suba expone un cambio significativo en la composición del gasto: más transferencias directas a las provincias y mayores prestaciones sociales, mientras que se profundiza el ajuste en obra pública, programas sociales y subsidios económicos, en línea con el enfoque fiscal del gobierno de Javier Milei.
El interrogante que se instala es “¿a dónde va la plata?”, en un contexto en el que se celebran recortes, pero el gasto total sigue en alza. La clave está en el reordenamiento interno del gasto público más que en su reducción global.
Transferencias a provincias: la gran ganadora del trimestre
Uno de los motores del aumento fue el crecimiento explosivo de las transferencias a las provincias, que se incrementaron en 46,8% real respecto al primer trimestre del 2024. Dentro de ese rubro, los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), generalmente utilizados de forma discrecional para asistencia financiera a las jurisdicciones, se dispararon 282,6% interanual.
Solo en marzo, se asignaron $4.000 millones a San Juan, Santa Fe y Neuquén, y $10.000 millones a la provincia de Buenos Aires. Estos movimientos financieros se producen mientras el gobierno nacional endurece sus críticas a los gobernadores, pero refuerza el envío de fondos en paralelo, generando tensiones e interrogantes sobre los criterios de distribución.
Más plata para jubilaciones y AUH, menos para planes sociales
Otra área donde el gasto creció fue en las prestaciones sociales universales:
- Las jubilaciones y pensiones tuvieron un aumento real del 28,2%,
- La AUH subió un 29,5%,
- Las asignaciones familiares crecieron un 20,2%.
En contrapartida, los programas sociales específicos —como Potenciar Trabajo— sufrieron una poda del 26,4% real en el mismo período. Esta doble dinámica sugiere un reperfilamiento del gasto social: se privilegian prestaciones más universales y previsionales, mientras se reduce la intervención en programas focalizados.
Obra pública en caída libre y subsidios recortados
La obra pública fue uno de los sectores más castigados, con una caída real del 46,2%. La parálisis de proyectos de infraestructura ya está teniendo impacto sobre la construcción, el empleo informal y las economías regionales.
En cuanto a los subsidios económicos, el recorte fue aún más drástico:
- Caída del 48,9% en el gasto total,
- Subsidios a la energía con un desplome del 60,9%,
- Y transporte con una baja del 31,9% en el trimestre.
La mayor parte del gasto energético aún se canaliza a Cammesa, pero incluso ahí se registra una baja del 22,9%. En paralelo, la Resolución 24/2025 impulsó un recorte en las bonificaciones de tarifas de luz y gas para hogares de ingresos bajos y medios, lo que está empezando a sentirse en los bolsillos de millones de familias.
El transporte también se achica:
- El Fondo Fiduciario para la Infraestructura del Transporte cayó un 42,4%,
- SOFSE, operadora de trenes, bajó un 15% su financiamiento.
Radiografía de un nuevo modelo de Estado
La primera lectura que surge de estos datos es que el ajuste del Gobierno no implica una reducción uniforme del gasto, sino una redistribución de prioridades. Mientras se recortan históricas partidas de subsidios y obra pública, crece el gasto discrecional y las transferencias que pueden reforzar el control político sobre las provincias y fortalecer el relato oficial de “orden fiscal con sensibilidad social”.
- Pero esta reconfiguración también abre nuevos focos de conflicto:
- Gobernadores que reciben recursos pero critican la falta de previsibilidad.
- Gremios que denuncian despidos y paralización de obras.
- Usuarios que enfrentan aumentos de tarifas sin mejoras en el servicio.
- Y sectores sociales que sienten que la red de contención se reduce.
