Comercio pidió ajuste paritario en un contexto de inflación y caída del consumo
El reclamo de Comercio refleja una realidad mucho más amplia: la incapacidad de las políticas salariales para seguir el ritmo de la inflación y la caída del consumo. A medida que los precios siguen aumentando y los salarios quedan rezagados, las tensiones entre el Gobierno, las empresas y los sindicatos probablemente se intensifiquen, lo que podría llevar a nuevas movilizaciones y un clima de conflictividad social que termine por resquebrajar el acuerdo social actual.

La reapertura de las paritarias por parte de la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS), liderada por Armando Cavalieri, no es solo un nuevo capítulo en la lucha por la recuperación del poder adquisitivo, sino también una clara señal de alarma sobre los efectos de la inflación y el estancamiento económico en los sectores laborales más representativos del país.
Tras un primer trimestre marcado por una pérdida real del 3,2 % en el salario de los trabajadores mercantiles, la negociación del segundo trimestre promete ser tensa y decisiva.
El último acuerdo, que otorgó un aumento del 5,1% en el primer trimestre, resultó insuficiente ante una inflación acumulada del 8,3 %. Este desfase resalta la crisis del poder adquisitivo y devela la ineficacia de las políticas salariales frente a una inflación que se mantiene por encima de las expectativas. En un contexto de inflación proyectada por encima del 10 % para los próximos meses, el reclamo gremial se vuelve urgente.
Cavalieri, en sus declaraciones, dejó en claro que la FAECYS no solo busca una corrección salarial para sus trabajadores, sino que también pone en la mesa una crítica a las restricciones informales que el Gobierno ha impuesto a las negociaciones paritarias, en un contexto de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La referencia a la “falta de libertad” en las paritarias refleja un malestar generalizado en muchos sectores sindicales, que sienten que las decisiones salariales son intervenidas por un marco económico impuesto, más que por las necesidades reales de los trabajadores.
Más allá de las cuestiones salariales, Cavalieri también alertó sobre el impacto del ajuste económico en el consumo, uno de los pilares de la economía interna. En sus palabras, “en las provincias no se vende nada” y los precios están dolarizados, mientras los salarios permanecen atados a la moneda local, generando una presión insostenible en los trabajadores que, además de enfrentar la inflación, deben lidiar con un costo de vida cada vez más elevado. Este punto no es menor: la caída del consumo está estrechamente vinculada al poder adquisitivo de los trabajadores y, por lo tanto, a la salud de los sectores que dependen directamente del comercio.
El impacto de las “remarcaciones diarias” que reportan los delegados sindicales en supermercados da cuenta de una inflación de precios que no se limita al sector alimentario, sino que afecta la estructura de precios en todo el mercado de bienes y servicios. Esto refleja no solo una falta de control sobre la inflación, sino también una profunda asimetría en la relación entre los precios y los ingresos.
Este nuevo round paritario será crucial para el rumbo económico del país. La FAECYS no solo exigirá una corrección salarial, sino que también podría marcar el inicio de una serie de demandas de otros sectores laborales que se ven igualmente afectados por la pérdida de poder adquisitivo. El desafío para el Gobierno será encontrar un equilibrio entre el ajuste necesario para cumplir con los compromisos económicos y las demandas de los trabajadores, quienes, cada vez más, sienten que el costo de vivir en Argentina es insostenible.
