Cierre de fábricas y caída del empleo: la crisis del sector textil golpea a Tierra del Fuego
La situación se produce en un contexto particular: desde principios de marzo de 2026 rige en el país una reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, aprobada por el Congreso el 27 de febrero y promulgada a través del Decreto 137/2026. La iniciativa fue presentada por el oficialismo como una herramienta para dinamizar el mercado laboral y estimular la creación de empleo. Sin embargo, al menos por ahora, el escenario que describen los sectores industriales parece ir en la dirección opuesta.

La industria textil en Tierra del Fuego atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años. En apenas tres años cerraron cinco fábricas del sector y se perdieron más de 500 puestos de trabajo, un panorama que profundiza la preocupación entre trabajadores, sindicatos y economías locales.
Lejos de registrarse un repunte en la contratación, distintos sectores productivos denuncian cierres de empresas y pérdida de puestos de trabajo formales. El caso de la industria textil fueguina se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de este deterioro.
Según explicó Roberto López, secretario general de la Asociación Obrera Textil, el entramado productivo del sector se redujo drásticamente en muy poco tiempo. De las siete fábricas vinculadas al gremio que operaban en la provincia, hoy solo continúan funcionando dos: la empresa Australtex y una hilandería ubicada en Ushuaia.
Desde el sindicato señalan que el derrumbe de la actividad responde a una combinación de factores económicos que vienen golpeando al sector desde hace años, entre ellos la caída del consumo interno y la creciente presencia de productos importados en el mercado local. Para muchas empresas, sostener la producción frente a estos cambios se volvió inviable.
La ciudad de Río Grande aparece como una de las más afectadas. Allí, los últimos cierres dejaron alrededor de 550 trabajadores sin empleo, obligando a muchos a buscar alternativas fuera de la actividad textil. Algunos lograron reinsertarse en otros rubros, mientras que otros optaron por trabajos independientes o directamente emigraron hacia otras provincias.
En medio de este panorama, algunas plantas continúan operando bajo condiciones de incertidumbre. En el caso de Australtex, su continuidad depende actualmente de resoluciones judiciales que le permiten seguir funcionando mientras se resuelven disputas legales vinculadas a su situación productiva.
Para el gremio, el escenario actual constituye uno de los momentos más delicados que ha enfrentado la industria textil en décadas. La pérdida de fábricas no solo implica menos puestos de trabajo, sino también el debilitamiento de un entramado productivo que durante años sostuvo parte de la economía provincial.
La crisis del sector también vuelve a poner sobre la mesa un debate más amplio sobre el rumbo de la política económica y productiva del país. Mientras el gobierno apuesta a la apertura comercial y a reformas estructurales del mercado laboral, los trabajadores y sindicatos advierten que el costo inmediato parece recaer sobre la industria nacional y el empleo formal.
En ese cruce de modelos económicos, la realidad cotidiana de cientos de familias en Tierra del Fuego refleja el impacto más directo: fábricas que cierran, empleos que desaparecen y un sector productivo que lucha por sobrevivir en un escenario cada vez más incierto.
