23 de mayo de 2026

Cayó el empleo industrial y aumentó la informalidad refugiada en Uber y los Rappi

En un escenario de crisis persistente, el mercado laboral argentino continúa reconfigurándose en función de la precariedad. Los últimos datos revelan que la caída de los asalariados formales (-0,6% interanual) fue compensada no por un repunte del empleo registrado, sino por el avance del trabajo independiente y no asalariado, que creció un 4,7% interanual. En menor medida también lo hizo el empleo asalariado informal (+0,8%).

Este desplazamiento del trabajo formal hacia formas más precarias se traduce en una pérdida de calidad laboral generalizada. Como advierte el informe de la consultora Equilibra, los nuevos empleos creados están mayormente vinculados a sectores donde predominan los cuentapropistas y trabajos informales de plataformas, como el reparto de comidas o el transporte de personas. Es decir, empleos sin derechos laborales, sin cobertura social y altamente volátiles.

El fenómeno puede leerse como una estrategia de supervivencia: en un contexto de fuerte deterioro del poder adquisitivo, aumento de la pobreza y licuación del salario real, muchos trabajadores recurren al cuentapropismo como «empleo refugio», ante la imposibilidad de acceder a trabajos registrados. Esta lógica de subsistencia no expresa una expansión saludable del empleo, sino una respuesta defensiva ante el achicamiento del mercado laboral formal.

La radiografía por ramas de actividad expone con nitidez esta transformación estructural. Mientras sectores tradicionalmente generadores de empleo de calidad como la industria y los servicios sociales y de salud perdieron 82.000 y 70.000 puestos respectivamente, el mayor dinamismo se registró en actividades de baja productividad y alta rotación como comercio (+154.000), hoteles y restaurantes (+105.000) y transporte (+78.000). Justamente, estos sectores explican buena parte del auge del trabajo no registrado o autónomo.

Lejos de tratarse de un «emprendedurismo» voluntario, el avance del cuentapropismo revela un corrimiento forzado hacia la informalidad y la fragilidad. El crecimiento de esta modalidad laboral, sin una estrategia clara de formalización y protección social, anticipa mayores niveles de desigualdad, inestabilidad económica y exclusión. La recuperación del empleo de calidad, por tanto, sigue siendo la gran deuda estructural de la política económica actual.

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