10 de junio de 2026

Caputo minimiza la disparada del dólar y responsabiliza al “riesgo kuka”, mientras la economía tambalea

Con el dólar rozando los $1.380, el ministro de Economía, Luis Caputo, eligió lavarse las manos. En lugar de reconocer la gravedad de la situación, apeló a la banalización y al chivo expiatorio político: el “riesgo kuka”. “No sé por qué se enojan con nosotros cuando sube el dólar”, declaró, como si la escalada cambiaria fuera un fenómeno ajeno a sus decisiones y no la consecuencia directa de una política económica que no logra generar confianza.

Durante una entrevista en el streaming Carajo, Caputo calificó el salto del dólar como una reacción “exagerada” y sostuvo que “ante la incertidumbre política, algunos deciden cubrirse. Es el riesgo kuka. No es algo que no hayamos esperado”. En otras palabras, el ministro reconoce la inestabilidad, pero en lugar de asumirla como un problema de gestión, la atribuye a factores externos.

Más llamativa fue su defensa de la “normalidad” del caos: “No es nada que no hayamos vivido en este Gobierno”, afirmó, como si la reiteración de crisis cambiarias fuera un mérito. Y agregó una clase básica de flotación cambiaria: “Al que le parezca barato el dólar comprará, y al que le parezca caro venderá”. La explicación, lejos de tranquilizar, expone una mirada desconectada de la angustia social frente a la pérdida del poder adquisitivo y la volatilidad económica.

Mientras tanto, el ministro celebró un nuevo desembolso del FMI, al que definió como un alivio para el cronograma de acumulación de reservas, pero evitó aclarar cómo eso impactará en la economía real, que sigue deteriorándose. Tampoco hubo autocrítica por la falta de anclas que contengan la inflación y el salto del tipo de cambio.

Caputo, sin inmutarse, aseguró que una suba del dólar “no se reflejará en los precios”, pese a que la historia argentina demuestra exactamente lo contrario. Su afirmación suena más a deseo que a diagnóstico, y desnuda una peligrosa subestimación del impacto social que ya empieza a sentirse en góndolas y tarifas.

El mensaje oficial se resume en dos ideas: que la culpa es del contexto político y que “hay que acostumbrarse” a la volatilidad. Pero mientras el Gobierno ensaya explicaciones y reparte responsabilidades, el dólar se dispara, los precios se recalientan y los argentinos siguen pagando el costo de un experimento económico que, hasta ahora, solo garantiza incertidumbre.


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