«Cálculo geométrico»: según Bullrich hubo 48.200 personas en la movilización en apoyo a Cristina
Según la funcionaria, el Gobierno realizó un “cálculo exacto” que arrojó un número llamativamente bajo: 48.200 personas, muy por debajo de lo que estimaron tanto organizadores como medios independientes.

En declaraciones que generaron polémica, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, desestimó la magnitud del acto masivo en apoyo a Cristina Fernández de Kirchner realizado en la Plaza de Mayo tras la ratificación de su condena por corrupción por parte de la Corte Suprema.
“Tenemos un número exacto. Hasta contamos la gente en la casa de Cristina”, afirmó Bullrich en Radio Mitre, reivindicando un supuesto sistema de conteo que combina “cálculos geométrico-matemáticos” y relevamientos por zonas, micros incluidos. Más allá de los tecnicismos invocados, la ministra apuntó al corazón del kirchnerismo con una afirmación cargada de subestimación política: “Ese es el tope de gama de lo que pueden lograr, que es bastante escaso desde la perspectiva de una elección”.
La frase, que busca reducir una movilización masiva a una ecuación aritmética, revela una estrategia oficial clara: deslegitimar la protesta popular mediante la ridiculización de su alcance, sin tomar en cuenta el contenido político de la convocatoria ni su simbolismo. La movilización no solo fue una muestra de respaldo a la expresidenta, sino también un acto de denuncia contra lo que muchos consideran una persecución judicial y política. Ignorar esa dimensión y limitar la discusión a una disputa por cifras expresa una visión tecnocrática y despectiva hacia las manifestaciones sociales.
Mientras desde sectores afines al kirchnerismo —como La Cámpora— se habló de 500 mil a un millón de asistentes, las imágenes aéreas de la jornada mostraron una Plaza de Mayo y avenidas adyacentes colmadas, algo que difícilmente encaje en el cálculo oficial. Bullrich, lejos de abrir un debate serio sobre la magnitud del malestar social expresado en las calles, optó por ironizar: “Del millón de pesos debe ser, porque un millón de personas…”.
Este tipo de declaraciones no solo desacreditan al adversario político, sino también a una parte significativa de la ciudadanía que se moviliza pacíficamente. Al insistir en que la movilización es “el techo” del kirchnerismo, el Gobierno parece interpretar la protesta popular no como una expresión democrática legítima, sino como un dato irrelevante dentro de su lógica de poder.
La insistencia en reducir lo político a lo cuantificable es, en el fondo, un intento por neutralizar el contenido crítico de la calle. Pero ese gesto, lejos de apagar el conflicto, lo alimenta. Porque cuando el oficialismo ridiculiza lo que no puede controlar —la protesta, la emoción colectiva, la memoria histórica—, no hace más que reforzar la fractura entre el poder institucional y una parte activa de la sociedad.
El conteo de cabezas no reemplaza el análisis político. Ni las matemáticas podrán resolver el creciente malestar de una ciudadanía que, frente a la judicialización de la política y al avance represivo, vuelve a hacer de la calle un lugar de disputa y resistencia. El intento de Bullrich por minimizar ese fenómeno dice mucho más sobre los temores del oficialismo que sobre los verdaderos alcances de la movilización.
