29 de octubre de 2026

Bunge cerró su histórica planta de Campana y dejó a 110 trabajadores en la calle

El cierre repentino de la planta de Bunge en Campana volvió a encender las alarmas en el cordón industrial bonaerense. La compañía, que lleva más de cinco décadas de actividad en la zona, comunicó el lunes a las 17 el fin de la producción y dejó en una situación de incertidumbre a 110 trabajadores directos. Si se incluyen los empleos vinculados con empresas contratistas, el impacto podría alcanzar a unas 250 personas.

Foto: Infogremiales

La multinacional agroindustrial anunció el cese de actividades sin previo aviso y sorprendió a los trabajadores cuando la fábrica estaba prácticamente lista para volver a producir. El sindicato denuncia despidos, cuestiona los argumentos de la empresa y reclama la reapertura de la planta. Este miércoles habrá una movilización en defensa del empleo.

La decisión tomó por sorpresa al personal y al Sindicato Químico de Zárate, especialmente porque la fábrica atravesaba una parada de mantenimiento que estaba concluida en aproximadamente un 90% y se encontraba en condiciones de retomar sus operaciones.

Leandro Straschenco, secretario gremial del sindicato, relató que la comunicación llegó a través de un gerente de Recursos Humanos. Según su testimonio, después del anuncio los trabajadores fueron retirados del establecimiento y la empresa cerró el acceso con un candado. También les informaron que los telegramas de despido ya habían sido enviados, aunque, de acuerdo con el dirigente, todavía no habían llegado a sus destinatarios.

La modalidad del cierre profundizó el malestar entre los empleados, que se encontraron de un momento a otro frente a la pérdida de sus fuentes laborales, sin una instancia previa de diálogo que permitiera discutir alternativas para sostener la actividad.

La empresa apunta a los costos y el sindicato cuestiona la apertura de importaciones

Bunge justificó el cese de actividades en la pérdida de competitividad y el encarecimiento del azufre importado, una materia prima necesaria para sus procesos productivos. Según la explicación transmitida al gremio, las dificultades de abastecimiento y el aumento de los costos internacionales habrían vuelto inviable mantener la producción en Campana.

Sin embargo, desde el sindicato cuestionan esa explicación y sostienen que la planta estaba en condiciones de volver a funcionar. Además, señalan a la apertura de las importaciones y al contexto económico como factores que ponen bajo presión a la producción nacional y al empleo industrial.

El conflicto vuelve a exponer el impacto que las decisiones empresariales y las condiciones económicas pueden tener sobre establecimientos industriales con una larga trayectoria. Mientras la compañía argumenta dificultades para competir, los trabajadores reclaman que se evalúen alternativas antes de avanzar con una medida que amenaza cientos de puestos laborales directos e indirectos.

Denuncia ante Trabajo y movilización para exigir la reapertura

Ante la decisión empresarial, el Sindicato Químico de Zárate presentó una denuncia ante la delegación Campana del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires y solicitó la intervención de las autoridades para buscar una salida al conflicto.

La audiencia prevista para este miércoles será una instancia clave para intentar abrir una negociación que permita revisar el cierre, preservar los puestos de trabajo y explorar la posibilidad de reactivar las instalaciones.

En paralelo, el gremio convocó a una movilización desde la puerta de la fábrica hasta el Ministerio de Trabajo de Campana, con la participación de los trabajadores y organizaciones sindicales de otros sectores. El objetivo es visibilizar la situación y presionar para que la empresa revea su decisión.

Más de 50 años de producción, en suspenso

Ubicada sobre la ruta 9, la planta de Campana se dedicaba a la elaboración de amoníaco y tiosulfato de amonio, productos utilizados en la fabricación y aplicación de fertilizantes para cultivos como trigo, maíz, girasol y soja. En la operación también participa la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), con una participación del 17,5%.

El cierre no representa solamente la interrupción de una actividad industrial con décadas de historia: también pone en juego el sustento de numerosas familias y el funcionamiento de una red de servicios y empresas que depende de la fábrica.

La incertidumbre ahora se concentra en la respuesta que dará la compañía ante el reclamo sindical y en la posibilidad de que la intervención del Ministerio de Trabajo abra una instancia de negociación. Para los trabajadores, la prioridad es clara: evitar que una decisión comunicada de manera abrupta termine convirtiéndose en el cierre definitivo de la planta y en una nueva pérdida de empleo industrial en la provincia de Buenos Aires.

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