Bullrich justificó el disparo al fotógrafo que está en grave estado: «Militante kirchnerista»
Grillo, quien fue golpeado en la cabeza por un cartucho de gas lacrimógeno durante la violenta represión policial en la marcha de jubilados, se ha convertido en el centro de una polémica que trasciende lo meramente informativo.

En un contexto de creciente tensión social y represión estatal, las palabras de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, tras el grave incidente que dejó al fotógrafo Pablo Grillo en estado crítico, evidencian una alarmante deshumanización del discurso político.
La funcionaria no dudó en calificar a Grillo como un «militante kirchnerista», justificando así el uso desmedido de la fuerza contra un profesional que, en ese momento, solo cumplía con su labor periodística. En lugar de manifestar preocupación por el estado del fotógrafo, Bullrich optó por deslegitimar su trabajo y reducirlo a una etiqueta política, como si eso pudiera condonar la brutalidad policial ejercida.
Resulta inquietante que, en una democracia, una ministra de Seguridad se permita desviar la atención de un acto de violencia institucional al señalar la afiliación política de una víctima. Esta actitud no solo es irresponsable, sino que también refleja un intento de desviar la responsabilidad del Estado en la protección de la ciudadanía, incluso cuando se trata de quienes ejercen el derecho a informar.
Las imágenes del momento del impacto del cartucho de gas son claras: Grillo, con su cámara en mano, no era un provocador, sino un testigo de la realidad que se desarrolla en nuestras calles. La insistencia de Bullrich en su vinculación con un partido político no hace más que evidenciar un preocupante intento de criminalizar a quienes disienten o simplemente ejercen su derecho a la libre expresión.
La gravedad del estado de Pablo Grillo es un recordatorio de la necesidad urgente de revisar las políticas de seguridad pública y la formación de las fuerzas del orden. Sin embargo, en lugar de abordar estos temas fundamentales, la ministra elige alimentar un clima de confrontación y división, donde la política se antepone a la vida humana.
Es imperativo que se realice una investigación exhaustiva sobre el uso de la fuerza por parte de la Policía y que se garantice la protección de todos los ciudadanos, independientemente de su afiliación política. La defensa de la libertad de prensa y el derecho a manifestarse deben ser pilares de cualquier democracia que se precie, y no pueden ser sacrificados en el altar de la retórica política. La salud y la vida de Pablo Grillo deben ser la prioridad, y las palabras de Bullrich, una vez más, nos recuerdan la distancia que existe entre el poder y la realidad de aquellos que, a pesar del riesgo, eligen informar.
