Baja el desempleo, pero crece la precariedad: el repunte laboral se apoya en la informalidad
Detrás de la baja del desempleo, los datos revelan una señal de alerta: el trabajo crece, pero lo hace en condiciones cada vez más frágiles, planteando interrogantes sobre el impacto real de las reformas en debate y sobre la capacidad del modelo económico para generar empleo estable y de calidad.

Mientras el Gobierno nacional impulsa una profunda Reforma Laboral como uno de los ejes de su agenda económica, los últimos datos oficiales del Indec muestran una dinámica ambigua en el mercado de trabajo. Aunque la tasa de desocupación descendió al 6,6% en el tercer trimestre de 2025, la mejora no estuvo acompañada por una recuperación del empleo registrado, sino por un avance sostenido del trabajo informal y el cuentapropismo.
Según el informe basado en la Encuesta Permanente de Hogares, el desempleo se redujo tanto en la comparación interanual como frente al trimestre anterior. Sin embargo, especialistas advierten que esta caída no responde a una mayor calidad del empleo, sino a un aumento de ocupaciones precarias. La tasa de empleo creció apenas cuatro décimas y continúa por debajo de los niveles de 2023, lo que refuerza la idea de un mercado laboral que se expande sin solidez.
El director de Desarrollo Productivo de Fundar, Daniel Schteingart, señaló que la totalidad del crecimiento del empleo se explicó por el sector informal. Esta tendencia coincide con los datos oficiales de la Secretaría de Trabajo, que desde hace meses registran una pérdida persistente de puestos asalariados formales en el sector privado. En ese contexto, la informalidad pasó del 42,6% al 43,3% en un año, consolidando un proceso de deterioro en la calidad del trabajo.
Consultoras privadas también alertaron sobre este fenómeno. Equilibra destacó que, pese a un crecimiento interanual de la actividad económica del 3,3%, el empleo aumentó solo 1,8% y lo hizo fundamentalmente a través de ocupaciones sin estabilidad ni protección social. En la misma línea, LCG remarcó el avance de los trabajadores no asalariados, que ya representan más del 28% del total de ocupados, impulsados en parte por la expansión del monotributo y por plataformas laborales que promueven inserciones rápidas, pero de bajo valor agregado.
En términos absolutos, el Indec estimó que cerca de un millón de personas se encontraban desocupadas en los principales centros urbanos, cifra que se eleva a más de tres millones si se proyecta a nivel nacional. Si bien la presión sobre el mercado laboral mostró una leve reducción, el indicador sigue siendo elevado y refleja que una porción significativa de los ocupados busca más horas de trabajo o mejores condiciones.
Las disparidades regionales y demográficas también persisten. La región pampeana exhibió el mayor nivel de desempleo, mientras que el Noroeste registró el menor. Las mujeres jóvenes continúan siendo el grupo más afectado, con tasas de desocupación que duplican el promedio general.
Desde una visión más favorable al Gobierno, el economista Aldo Abram atribuyó la mejora del empleo a un desempeño económico mejor al esperado y consideró positiva la reducción del desempleo. No obstante, otras miradas ponen en duda la sostenibilidad de esta tendencia. Para LCG, el mercado laboral está ajustando “por calidad” y el escenario hacia adelante resulta incierto, con caída del empleo formal, actividad económica débil y fuertes diferencias entre sectores.
