Axel Kicillof entre la presión fiscal de Milei y la disputa interna del peronismo
En ese contexto, el mandatario bonaerense intenta consolidar un proyecto político propio de alcance nacional a través del espacio Movimiento Derecho al Futuro (MDF), con la mirada puesta en el escenario electoral de 2027.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, atraviesa una etapa política marcada por dos frentes simultáneos: la tensión financiera con el gobierno nacional encabezado por Javier Milei y las disputas internas dentro del peronismo.
Durante la apertura del 154º período de sesiones ordinarias de la Legislatura bonaerense, Kicillof delineó un discurso que buscó contrastar tanto en tono como en contenido con el rumbo económico del gobierno nacional. Allí planteó que el desafío de la oposición no pasa únicamente por describir los efectos del actual modelo económico, sino por construir una alternativa política que combine producción, federalismo y una fuerte impronta nacional.
La intervención funcionó, así, como una señal política orientada a proyectar su liderazgo más allá del ámbito provincial.
Ese planteo se vincula directamente con la estrategia que el gobernador viene impulsando a través del MDF. El espacio pretende convertirse en una plataforma de articulación política que supere los límites territoriales de la provincia de Buenos Aires y permita organizar una red nacional de dirigentes, organizaciones sociales y sectores productivos. Desde el entorno del mandatario destacan que el objetivo central para 2026 será fortalecer el desarrollo territorial del movimiento, priorizando la construcción de bases políticas antes que la incorporación de figuras individuales.
La estrategia responde a un diagnóstico político: el armado de una alternativa competitiva frente al oficialismo requiere consolidar presencia en distintas provincias y sectores sociales, evitando una estructura basada únicamente en acuerdos de cúpula. En esa línea, el año pasado Kicillof inició una serie de encuentros con gobernadores en sus distritos, dinámica que podría continuar este año como parte de un proceso más amplio de articulación federal.
Sin embargo, la proyección nacional convive con las urgencias de la gestión provincial. Desde el gobierno bonaerense sostienen que la administración de Milei mantiene una política de restricción financiera que impacta directamente en las cuentas de la provincia. Según estimaciones oficiales, el recorte de transferencias y recursos equivaldría a unos 15 billones de pesos, aproximadamente un tercio del presupuesto bonaerense. Este escenario obliga al Ejecutivo provincial a concentrar buena parte de su agenda en sostener políticas públicas y asistir a sectores afectados por el ajuste económico.
El propio Kicillof utilizó la apertura legislativa para reforzar ese diagnóstico crítico. En su discurso sostuvo que el país atraviesa una crisis profunda y que el rumbo económico vigente profundiza la desigualdad social, al favorecer ganancias extraordinarias para sectores concentrados mientras se deterioran las condiciones de vida de la mayoría de la población.
Paralelamente, el gobernador enfrenta tensiones dentro del peronismo bonaerense. Aunque se alcanzó un acuerdo para que asuma la conducción del PJ provincial en reemplazo de Máximo Kirchner, persisten fricciones con sectores vinculados a La Cámpora. La designación del exintendente de José C. Paz, Mario Ishii, como vicepresidente primero del Senado provincial fue interpretada en algunos sectores del oficialismo como un intento de equilibrar la distribución de poder dentro del espacio.
Las diferencias también se expresaron públicamente tras cuestionamientos de dirigentes cercanos al kirchnerismo, como la diputada provincial Mayra Mendoza y la senadora nacional Juliana Di Tullio, quienes criticaron que el gobernador no mencionara en su discurso la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner.
En paralelo, el encuentro reciente entre la ex presidenta y el diputado nacional Miguel Ángel Pichetto generó diversas interpretaciones dentro del peronismo, particularmente respecto de su impacto en el equilibrio interno y en la proyección política de Kicillof.
Frente a este escenario, el gobierno bonaerense busca sostener una doble estrategia: fortalecer la gestión provincial en medio de restricciones fiscales y, al mismo tiempo, avanzar en la construcción de un espacio político que articule una alternativa nacional al modelo económico del actual gobierno.
La evolución de las internas partidarias y la capacidad de expandir el MDF más allá de Buenos Aires serán factores clave para definir el alcance real de esa apuesta política.
