Armando Cavalieri: “Ahora sólo quedamos los sindicatos para defender a los trabajadores como sea”
En un discurso cargado de definiciones políticas, sostuvo que “los gremios no somos una traba para el desarrollo argentino” y afirmó que, en el actual contexto, “ahora sólo quedamos los sindicatos para defender a los trabajadores como sea”.

El secretario general de la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECyS), Armando Cavalieri, advirtió sobre el deterioro económico que enfrentan los trabajadores y llamó al movimiento sindical a mantenerse en estado de alerta frente al avance de la reforma laboral impulsada por el Gobierno.
Las declaraciones se produjeron en el 34º Congreso Nacional Ordinario de la FAECyS, realizado en Parque Norte, donde más de 600 congresales de 293 filiales aprobaron la Memoria y Balance del ejercicio 2024-2025. La tensión en torno a los posibles alcances de la reforma motorizada por la administración libertaria sobrevoló toda la jornada, y Cavalieri instó a “estar atentos” a cualquier movimiento del Gobierno, al considerar imprescindible “estar preparados para defender a nuestra gente”.
El dirigente recibió un fuerte respaldo de los delegados presentes, especialmente cuando reivindicó el rol histórico del sindicalismo como garante de derechos laborales y de protección social. En ese marco, aseguró que la obra social del gremio será defendida “aunque sea con una cama en un hotel”, en alusión a las dificultades económicas que atraviesan muchas organizaciones del sector.
El Congreso también se convirtió en una vidriera del trabajo de las distintas secretarías del gremio, cuyos stands reflejaron una intensa actividad militante y aportaron un clima de movilización interna en un año que el sindicalismo percibe como crítico.
Cavalieri subrayó que “la única reforma laboral que está esperando la gente es la del salario, que está hundido”, y cuestionó que al Gobierno “no le interesa el tema de la desocupación”. En su análisis, la combinación de crisis económica, pérdida de ingresos y presiones desregulatorias coloca al sindicalismo en un rol central y casi solitario: el de último refugio para la defensa de la soberanía laboral y política de los trabajadores.
