Argentina, líder mundial en peores expectativas laborales
El relevamiento, que abarca más de 39.000 empleadores en 42 países, muestra que mientras el promedio global se ubica en +25%, la Argentina apenas alcanza un magro +5%, quedando nuevamente en el último lugar del mapa laboral.

Argentina volvió a encabezar, por sexto trimestre consecutivo, el ranking mundial de peores expectativas de contratación, según la Encuesta de Expectativas de Empleo de ManpowerGroup.
El contraste internacional es notorio. Mientras economías como Emiratos Árabes Unidos (+45%), India (+40%) y Brasil (+36%) impulsan la creación de empleo, el mercado argentino se mantiene estancado, sin señales de recuperación sostenida. Lo que en otros países es motor de crecimiento, aquí se transforma en un círculo vicioso de desconfianza empresarial y precarización social.
El panorama local revela grietas profundas: las microempresas son las únicas que muestran cierto optimismo (+15%), mientras que las medianas proyectan una expectativa negativa (-1%) y las grandes corporaciones anticipan directamente recortes (-6%). La heterogeneidad regional también desnuda desequilibrios: Cuyo y Patagonia se destacan con proyecciones positivas, pero el AMBA apenas llega al +3%.
Este escenario coincide con un cambio en el humor social: el empleo desplazó a la inflación como principal preocupación económica, en un contexto en el que el desempleo alcanza al 7,9% de la población y los trabajadores privados formales se mantienen estancados desde 2012. La paradoja es que mientras el mundo crea empleo, Argentina se consolida en la contracorriente, atrapada en un patrón estructural de fragilidad laboral.
Más que una estadística aislada, el hecho de liderar el podio negativo durante seis trimestres consecutivos refleja un problema de fondo: la incapacidad de generar empleo privado formal y de calidad. La reiteración de este lugar en el ranking global constituye una alerta roja: sin un viraje profundo en la política laboral y económica, la Argentina corre el riesgo de perpetuar un modelo donde el trabajo estable es un bien cada vez más escaso.
