Alerta en Argentina por fiebre amarilla: tensiones entre la estrategia oficial y el reclamo científico por la vacunación
La fiebre amarilla pone a prueba la capacidad del sistema de salud argentino de leer los signos de una crisis antes de que la emergencia se instale. La experiencia regional muestra que cuando el virus se reactiva, la ventana de oportunidad para frenarlo es corta, y la vacunación masiva sigue siendo la herramienta más eficaz para evitar que un problema selvático se convierta en urbano.

La expansión regional de la fiebre amarilla y la decisión del Gobierno argentino de restringir la gratuidad de la vacuna a zonas endémicas abrió un debate sobre la preparación sanitaria del país frente a una posible epidemia.
Con 350 casos y 150 muertes reportadas en América Latina, y una letalidad cercana al 43% según la OPS, especialistas advierten que el criterio oficial de limitar dosis gratuitas podría dejar al país expuesto ante un escenario de transmisión urbana.
La medida del Ministerio de Salud apunta a concentrar recursos en provincias con circulación histórica del virus —Formosa, Misiones, Corrientes y áreas de Chaco, Jujuy y Salta—, pero generó rechazo en sociedades científicas, que alertan sobre el riesgo de subestimar la dinámica de la enfermedad en contextos de movilidad poblacional.
El comunicado conjunto de las principales entidades médicas remarcó que restringir el acceso gratuito solo a residentes de zonas de riesgo “implica un peligro tanto individual como colectivo” y que el Estado debe facilitar una cobertura más amplia.
El trasfondo de la controversia radica en la tensión entre la planificación sanitaria y la percepción social del riesgo. Mientras las autoridades recuerdan que Argentina no registra casos autóctonos desde 2009, la evidencia de un brote regional en expansión —con focos incluso en áreas como San Pablo, que no notificaba infecciones en décadas— sugiere que la frontera epidemiológica es frágil.
Además, las epizootias registradas en primates indican una reactivación del ciclo selvático del virus, con potencial de salto a entornos urbanos donde el mosquito Aedes aegypti podría amplificar la transmisión.
La discusión trasciende lo sanitario y se adentra en lo político: si la estrategia de contención prioriza la gestión presupuestaria sobre la prevención masiva, el costo de un brote urbano sería infinitamente mayor al ahorro de dosis.
Para los expertos, la clave está en anticiparse: asegurar el acceso a la vacuna no solo a las provincias endémicas, sino también a los viajeros y a las poblaciones que podrían convertirse en eslabones invisibles de la cadena de transmisión.
