31 de enero de 2026

Adorni sin preguntas: el Gobierno se atrinchera frente al escándalo de coimas en LLA

En su mensaje, el portavoz buscó blindar la figura de Javier Milei con una consigna central: “Quieren ensuciar al Presidente”.

A siete días de la explosión del escándalo por los audios que exponen un presunto entramado de coimas y corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), el vocero presidencial Manuel Adorni eligió dar una conferencia de prensa en Casa Rosada sin aceptar preguntas de los periodistas.

Adorni enumeró las medidas adoptadas por el Ejecutivo tras la salida de Diego Spagnuolo, ex titular de la ANDIS: una auditoría interna, la designación de un interventor y la separación del funcionario investigado por la Justicia. La narrativa oficial apunta a mostrar rapidez de reflejos y voluntad de transparencia, aunque la decisión de no habilitar preguntas en la conferencia revela el costado más defensivo del Gobierno.

El vocero también defendió a Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, y a Eduardo “Lule” Menem, subsecretario de Gestión Institucional, ambos mencionados en los audios junto con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. A ella se le atribuye el cobro de retornos del 3% en la compra de medicamentos a la droguería Suizo Argentina. Adorni negó cualquier vínculo de los funcionarios con las contrataciones y calificó la difusión de los audios como una maniobra electoralista a semanas de los comicios bonaerenses.

En su exposición, el portavoz apeló a un recurso conocido: relativizar las acusaciones comparándolas con casos de corrupción del kirchnerismo. Recordó episodios como los “bolsos de López”, las relaciones con regímenes como los de Maduro y Chávez y la condena en la Causa Vialidad. El objetivo fue claro: reposicionar a Milei como víctima de operaciones políticas en lugar de responder de fondo a las sospechas sobre su propio espacio.

El problema, sin embargo, es que la estrategia de cerrar filas y atacar al adversario no despeja los interrogantes. La filtración de audios y la mención directa a funcionarios del círculo íntimo del Presidente plantean una crisis de credibilidad que no se resuelve con acusaciones cruzadas ni con conferencias blindadas. La pregunta que queda en el aire es si el oficialismo podrá sostener la bandera de la transparencia mientras se multiplica la necesidad de dar explicaciones.

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