Acuerdo UE–Mercosur, entusiasmo oficial: «Todos ganamos»
Desde la Cancillería lo presentaron como una señal de apertura económica y de alineamiento con los principales mercados globales, en sintonía con la estrategia de inserción internacional que impulsa la administración de Javier Milei.

El anuncio del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, que se firmaría formalmente el próximo 17 de enero en Paraguay, fue celebrado por el Gobierno argentino como un hito histórico tras más de tres décadas de negociaciones.
El canciller Pablo Quirno destacó que el convenio permitirá un acceso preferencial al mercado europeo, compuesto por 450 millones de personas y responsable de cerca del 15% del PBI mundial. Según detalló, la eliminación de aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur y el acceso preferencial para otro 7,5% implicaría que el 99% de las exportaciones agrícolas del bloque se vean beneficiadas, un punto clave para economías primarizadas como la argentina.
Desde el oficialismo, el acuerdo es leído no solo como una oportunidad comercial, sino también como una señal política. En ese sentido, Milei subrayó el anuncio como parte de una secuencia de “buenas noticias”, mientras que Patricia Bullrich lo definió como un logro concreto que puede traducirse en más empleo, inversión y desarrollo. El mensaje apunta a reforzar la idea de un país que busca competir en el mercado global con reglas claras y previsibilidad.
Sin embargo, el camino hacia la entrada en vigor del tratado aún presenta obstáculos. Si bien el Consejo de la Unión Europea aprobó el acuerdo con el respaldo de la mayoría de los Estados miembros, persisten resistencias internas, especialmente de países como Francia, Irlanda y Polonia, que expresan reparos vinculados a la protección de sus sectores productivos. Además, el debate en el Parlamento Europeo será determinante: un grupo significativo de eurodiputados ya adelantó la posibilidad de recurrir a la Justicia para frenar su implementación.
En este contexto, el acuerdo UE–Mercosur aparece como una apuesta estratégica de largo plazo, con potencial para ampliar exportaciones y atraer inversiones, pero también como un escenario de disputa política y económica tanto dentro de Europa como en los países del bloque sudamericano.
Para Argentina, el desafío será traducir el respaldo político y el entusiasmo inicial en resultados concretos que impacten en la producción y el empleo, en un contexto interno marcado por fuertes ajustes y reformas estructurales.
