17 de octubre de 2021

El gorila Gorilón, una cuestión de mérito y el adoctrinamiento como cuestionable

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Y el hilo se corta por lo más delgado. O en todo caso, en el lugar más conveniente para quien sostiene la tijera en sus manos. Tanto es así que muchos se rasgan las vestiduras, cual hipócritas fariseos, cuando hablan del mérito y vociferan a los cuatro vientos que sólo el esfuerzo personal puede llevarte al pináculo del éxito. Pero cuando ese éxito alcanzado se ve amenazado por el ascendente mérito de alguien, que no es como esos muchos, porque superó las barreras de la desigualdad social, cultural, económica y de acceso a la educación con la ayuda del Estado, salta el fusible del adoctrinamiento.

Y aquí me detengo para reflexionar. ¿Está bien repetir hasta el hartazgo en los medios de comunicación que todo lo que tienes en tu vida se debe a tu propio mérito y que nadie te regala nada? ¿Es correcto exigirle al Estado que no asista a quienes lo necesitan o que se compare odiosamente la realidad encumbrada de los considerados “usurpadores del éxito”, con el mérito de otros que a diario emprenden desafíos personales? ¿Está mal leer un cuento donde el mensaje implícito es: “El éxito puede ser colectivo, si entre todos ayudamos porque nadie se salva solo”? ¿Una afirmación de esta naturaleza podría considerarse como un adoctrinamiento?

La historia cuenta que un escritor entrerriano escribió un cuento. Esa obra de ficción literaria fue tomada como material de lectura e incluida el pasado 29 de octubre en el portal Aprender de esa provincia mesopotámica. La trama del cuento escrito por Matías Finucci Curi, redunda en los juicios de valor que hace un gorila, quien carente de empatía comunitaria cuestiona la ayuda que reciben los otros animales del bosque a la voz de: “Si lo quiere, que se lo gane él solito”. Hasta que la adversidad llega a su vida y necesita de aquellos a quienes criticó.

Ese audiocuento lleva por título, “El Gorila Gorilón” y tanto fue el alboroto generado por los diputados de Juntos por el Cambio, Atilio Benedetti, Jorge Lacoste y Gabriela Lena, quienes consideraron el contenido como la raíz ideológica del adoctrinamiento político en las escuelas, máxime si sus destinatarios son niños de nivel inicial, que el Gobierno de Gustavo Bordet lo eliminó y desplazó de su cargo a la responsable de su publicación.

Los legisladores nacionales presentaron un proyecto de repudio porque ellos consideraban que el cuento tenía contenido que buscaba el “adoctrinamiento de niños y niñas”, es más se expresaron en términos tales como: “Repudiamos cualquier práctica ligada al adoctrinamiento y difusión dentro del sistema educativo, ya que la tarea fundamental de la enseñanza debería ser aprender a pensar y no la de enseñar qué o cómo pensar”.

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Es más, Benedetti dijo en una entrevista a Infobae: “Es lamentable que exista. El cuento habla por sí solo” y esta mañana la diputada Lena brindó un reportaje en la pantalla de TN donde repitió la frase “el cuento habla por sí solo” y agregó: “El cuento es malo”, mientras todos hacían apología de la meritocracia asintiendo con la cabeza mientras el periodista Adrián Ventura refrendaba: “lo que está mal es criticar el mérito. Hacerle creer a la gente que el esfuerzo individual no vale la pena”.

En estos tiempos de tirantez exacerbada, donde la verdad, la mentira, la creencia, la ideología, el mérito o el adoctrinamiento, mantienen con la realidad del hombre de a pie una relación caótica, es cuando debería primar una idea que lleve a buen puerto. Pero no.

A nadie le importa esa creciente cercanía entre la verdad y la mentira. Esa delgada línea donde se posiciona lo verdadero como falso y lo falso como verdadero, sino vean cómo termina Sergio Lapegüe la entrevista con la diputada entrerriana, sugiriendo que pronto habrá usurpaciones de tierras en su provincia, un avance del populismo sobre la propiedad privada. ¿Qué tiene que ver lo que dijo con El gorila Gorilón y el adoctrinamiento de los chicos? Nada, pero en realidad, todo. Y lo dijo porque lo tenía que decir para seguir fogoneando la cuestión del mérito y para darle un toque final al adoctrinamiento que se cuestiona.

En este ordenamiento novedoso que se hace de la verdad-mentira, subyace en el imaginario colectivo de un sector de la sociedad la idea de que la realización personal de un individuo en el plano de lo material o patrimonial, se basa exclusivamente en el mérito. Entonces, el Derecho o el Estado no tienen injerencia en lo que hace para conseguir el éxito y es por eso que un “otro” puede convertirse irremediablemente en la causa del fracaso o en el retraso en el camino a la meta, dividiendo a la sociedad.

La meritocracia promueve necesariamente una sociedad dividida. Lo cual nos permite explicar cómo el discurso dominante en la sociedad actual, se basa en el miedo al “otro”, en la incertidumbre que produce el ascenso a la cúspide de un “otro”, un miedo que se traduce en violencia social, terreno fértil para las ideologías de derecha, o ese vacío existencial de una franja etaria desprovista de convicciones que anhela huir a otro país para ser.

En fin, la controversia entre mérito y adoctrinamiento está planteada en términos políticos, pero también literarios y sociales.

Desde el consejo de Educación entrerriano informaron que Celeste Ramírez, jefa de la División Producción y Gestión de Contenidos Educativos y Desarrollo Multimedia, ya no desempeña el cargo debido a que las autoridades consideraron que la publicación del cuento se trató de un error al no haberse “revisado” su contenido y ahí terminó la cosa.

Sin embargo, ¿quién tiene la facultad para decidir si un cuento debiera o no existir, si es malo o bueno? ¿No son acaso los lectores quienes deberían pensarlo en esos términos y no los legisladores cuya función debería ser otra? ¿Estamos ante una vulneración de derechos como el derecho a la libre expresión, el derecho a la educación y al conocimiento? ¿Por qué “descolgar” un cuento y privar a educadores, estudiantes y familia del acceso al mismo?

El cuento se puede encontrar en Youtube, y a sólo un día de desatado el escándalo ya tuvo cerca de 8000 reproducciones, si se tiene en cuenta que se trata de un portal educativo. Dicho en otras palabras, más que reprimir la publicación, la potenció a límites inimaginables.

Tal vez, los legisladores de Juntos por el Cambio de extracción radical olvidaron las palabras del Dr. Raúl Alfonsín cuando dijo: “Que cada uno comprenda que su interés particular, está ligado al interés general de todo el pueblo”, En otras palabras, “nadie se salva solo”.

Por último, una reflexión final. Tal vez, sólo tal vez, los diputados opositores no habrían causado tanto revuelo si el cuento narraba lo siguiente:

Un monito -no gorila- defensor de las libertades individuales y negacionista, espera en la cola de un banco para comprar 200 dólares, mientras hace cálculos imaginarios del dinero que perdería por comprar la divisa norteamericana en el mercado informal. En eso que piensa demasiado, ve que en la cola del cajero hay una Suricata con varios suricatitas bebés y se dice así mismo: “Esa suricata no debería estar allí, porque sólo sabe tener hijos y no aporta nada, como yo que me mato laburando” y le pide al rinoceronte policía que la saque de su vista. Piensa que merece conocer el mundo pero se enfurece cuando recuerda que el gobierno, según él, una sarta de murciélagos chupasangre, le cobra impuestos y no lo deja crecer. Mira a su alrededor y se dice “Yo no soy racista pero esa bandada de patos ambulantes no deberían existir, ni vender sus baratijas entre nosotros los monitos bien”. El monito está convencido de que es necesario una sociedad más justa y lo dice sin pelos en la lengua ante las cámaras de un canal de televisión que zocalea “Invasión de Ñus en el centro. La polémica exigencia de la manada, “que el león deje de comernos”. El monito está obsesionado, y mira a su alrededor constantemente, no vaya a ser cosa que logre ver a la suricata con intenciones de quitarle el éxito al cual aspira, pero que todavía no tiene y que sabe que por mérito propio, un día alcanzará.

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