Villarruel desafía el cerco político de Milei y fuerza su presencia en el acto central por el Día de la Bandera
La decisión expone, una vez más, la profundidad de la crisis interna que atraviesa la cúpula del oficialismo y deja en evidencia las tensiones cada vez más difíciles de ocultar entre Javier Milei y su compañera de fórmula.

La vicepresidenta Victoria Villarruel decidió avanzar sobre uno de los límites políticos que la Casa Rosada viene imponiéndole desde hace meses y confirmó que participará del acto por el Día de la Bandera en Rosario, pese a no haber recibido una invitación formal del Gobierno nacional.
La confirmación llegó a través de las redes sociales de la titular del Senado, quien anunció su presencia en la ciudad santafesina reivindicando sus vínculos familiares con Rosario y el valor histórico de la fecha patria. Sin embargo, detrás del mensaje institucional se esconde una fuerte señal política: Villarruel eligió asistir a un acto del que, según trascendió, fue deliberadamente excluida por el círculo más cercano al Presidente.
La disputa no es nueva. Desde hace más de un año, la relación entre Milei y Villarruel atraviesa un deterioro sostenido. En los hechos, la vicepresidenta quedó marginada de las decisiones estratégicas del Gobierno y fue apartada de los principales eventos oficiales. En la Casa Rosada ya no disimulan la distancia y algunos funcionarios incluso sostienen que la dirigente “no forma parte del Gobierno”, una definición que contrasta con el rol institucional que le asigna la Constitución como segunda autoridad del país.
En este contexto, la presencia de Villarruel en Rosario adquiere una dimensión que excede el carácter conmemorativo del acto. Su decisión representa una demostración de autonomía política frente a una estructura de poder que busca reducir su protagonismo. Al mismo tiempo, obliga al Ejecutivo a resolver un dilema incómodo: ignorar protocolarmente a la vicepresidenta podría derivar en un conflicto institucional de alto impacto público.
El trasfondo del enfrentamiento también involucra a Karina Milei, principal armadora política del oficialismo y responsable de la organización de los actos presidenciales. Desde el entorno de Villarruel la señalan como una de las principales impulsoras de su aislamiento dentro del esquema de poder libertario. La exclusión de la vicepresidenta de eventos recientes, como el Tedeum del 25 de Mayo, reforzó esa percepción.
La decisión de viajar a Rosario también se produce en un momento de creciente especulación sobre los movimientos políticos de Villarruel y sus eventuales puentes de diálogo con sectores del PRO y con el expresidente Mauricio Macri. Aunque públicamente todas las partes niegan acuerdos o estrategias conjuntas, las versiones sobre contactos indirectos alimentan la desconfianza de un Presidente que observa a su vice con creciente recelo.
Lejos de tratarse de una simple disputa protocolar, el episodio refleja una interna de poder que ya se trasladó al plano institucional. El acto por el Día de la Bandera, pensado por el Gobierno como una demostración de cohesión política, amenaza ahora con convertirse en una nueva postal de las fracturas que atraviesan al oficialismo.
La incógnita ya no es si Villarruel estará presente, sino cómo reaccionará el Gobierno ante una presencia que buscó evitar y que hoy no puede ignorar.
