Villarruel cruzó a Bullrich: “La democracia fue denigrada por personas que integraron orgas terroristas como en su caso»
La disputa por el control del Senado y el avance de leyes impulsadas por la oposición detonaron una fuerte interna en el oficialismo, con acusaciones cruzadas entre dos de las figuras más visibles del gobierno de Javier Milei.

La vicepresidenta Victoria Villarruel respondió con tono desafiante a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, luego de que esta la acusara públicamente de “ser cómplice del kirchnerismo destructor” por haber habilitado una sesión clave en la Cámara alta.
“Antes de hacerse la picante, repase la Constitución Nacional”, lanzó Villarruel en su descargo en redes sociales, al tiempo que reivindicó su rol institucional y defendió la legalidad de su decisión. En un gesto inusual dentro de un mismo espacio de gobierno, la segunda en la línea presidencial recordó además el pasado montonero de Bullrich: “La democracia fue denigrada cuando personas que integraron orgas terroristas como en su caso manejaron durante décadas el destino del país”.
Una interna con historia y roces ideológicos
Este nuevo capítulo de tensión entre ambas funcionarias no es un hecho aislado, sino parte de una rivalidad más profunda que mezcla diferencias ideológicas, trayectorias opuestas y ambiciones políticas latentes. Mientras Villarruel representa el ala más dura del nacionalismo conservador, con fuerte anclaje en las Fuerzas Armadas y un discurso de reivindicación del orden institucional, Bullrich encarna una figura más volcada al marketing político y al “halconismo” confrontativo que ha ido adoptando un rol cada vez más operativo dentro del gobierno libertario.
Villarruel no solo se defendió de los ataques, sino que también envió un mensaje velado al presidente Milei, quien desde hace meses la mantiene políticamente marginada. “Me votaron para defender la institucionalidad y hacerla respetar, no para levantarme cuando las papas queman o cuando el Ejecutivo recuerda que soy Vicepresidente”, sentenció.
En su respuesta, también aclaró que las leyes que estaban en el temario del Senado —como la nueva fórmula jubilatoria y medidas vinculadas al financiamiento de las provincias— no contaban con dictamen, pero que “el recinto es soberano” y que su obligación era garantizar el funcionamiento democrático.
Un oficialismo fracturado que expone contradicciones
El cruce entre Villarruel y Bullrich no solo revela un gobierno con liderazgos fragmentados, sino que expone una tensión fundamental entre la legalidad institucional y la lógica de la obediencia política. Mientras el Poder Ejecutivo busca impedir el avance de leyes con fuerte impacto fiscal, la vicepresidenta sostiene su deber constitucional de habilitar el debate legislativo, incluso si eso va en contra de los intereses de la Casa Rosada.
El conflicto también marca un retroceso en la narrativa de “unidad” que el gobierno intenta sostener hacia afuera, y revela que el espacio libertario carece de una conducción sólida cuando se trata de las reglas del juego democrático. Lejos de actuar en bloque, sus principales figuras parecen jugar agendas propias, con declaraciones explosivas y facturas cruzadas en público.
Así, la confrontación entre Villarruel y Bullrich pone en evidencia no solo una interna personal, sino un problema estructural en el gobierno de Milei: la dificultad para consolidar un proyecto institucional coherente que combine gobernabilidad, legalidad y liderazgo político efectivo.
