Videos que reavivan sospechas: el “Juicio por los Cuadernos” comienza bajo la sombra de nuevas pruebas
El inicio del denominado “Juicio por los Cuadernos de las Coimas”, considerado el proceso por corrupción más grande de la historia argentina, quedó envuelto en un nuevo manto de controversia.

En los días previos a su apertura, circularon videos atribuidos a Oscar Centeno, el ex chofer de Roberto Baratta, que mostrarían presuntos recorridos por distintos puntos del país e incluso imágenes en la Quinta de Olivos. Según la Agencia Noticias Argentinas, las grabaciones, cuya autenticidad aún no fue verificada, podrían reintroducir dudas sobre la consistencia del testimonio central que dio origen a la causa.
El Tribunal Oral Federal N°7 dio comienzo al proceso que juzgará a 87 imputados, entre ellos 19 ex funcionarios y 65 empresarios, acusados de integrar una estructura de recaudación ilegal de fondos entre 2003 y 2015. En el centro de la trama se ubican Cristina Fernández de Kirchner, señalada como jefa de la asociación ilícita; Julio De Vido y Roberto Baratta, como organizadores; y Centeno, como testigo clave y partícipe secundario.
Del otro lado del mostrador, figuran empresarios de peso como Aldo Roggio, Ángelo Calcaterra, Enrique Pescarmona y Carlos Wagner, señalados por pagar sobornos para garantizar contratos de obra pública. Muchos de ellos aceptaron convertirse en imputados colaboradores, lo que deja entrever un complejo equilibrio entre intereses políticos, empresariales y judiciales.
El proceso judicial enfrenta además un desafío logístico inédito: se desarrollará por videoconferencia, ya que no existe una sala lo suficientemente grande para albergar a todos los involucrados. Las audiencias, transmitidas por el canal de YouTube de la Corte Suprema, se extenderán durante meses y contarán con la participación de más de seiscientos testigos.
Más allá de la espectacularidad mediática, el caso pone a prueba la credibilidad del sistema judicial argentino. Los videos difundidos, si fueran auténticos, podrían afectar la narrativa que dio origen a las imputaciones y reabrir la discusión sobre cómo se construyó la evidencia. Si se tratara de una maniobra de desinformación, en cambio, evidenciarían la fragilidad del debate público en torno a causas de alto impacto político.
En cualquier escenario, el llamado “Juicio de los Cuadernos” será una prueba de fuego: no sólo para los acusados, sino también para la capacidad del Estado argentino de llevar adelante un proceso transparente, sólido y alejado de las interferencias partidarias.
