The Economist endureció su crítica a Milei: reclamó menos confrontación y una economía que vuelva a generar empleo
El editorial plantea una paradoja para el Gobierno: el éxito en la estabilización puede perder fuerza política si no aparece una mejora palpable en la vida de los argentinos. Con la mirada puesta en el futuro electoral, la revista advirtió que la continuidad del proyecto libertario dependerá no solo de sostener las cuentas públicas y controlar los precios, sino también de demostrar que el ajuste puede desembocar en crecimiento, inversión y mejores oportunidades, que hasta el momento fue todo lo contrario.

The Economist volvió a poner bajo la lupa al Gobierno de Javier Milei y advirtió que la estabilización de la economía no alcanza si no se traduce en crecimiento, empleo y una mejora concreta de las condiciones de vida.
En un nuevo editorial, el semanario británico sostuvo que el Presidente debería abandonar parte de su retórica confrontativa y concentrarse en consolidar una recuperación económica capaz de llegar a los hogares.
El pronunciamiento representa la tercera mirada crítica de la revista sobre la administración libertaria en apenas una semana. Esta vez, el eje no está puesto únicamente en los resultados fiscales o inflacionarios, sino en las consecuencias sociales del programa económico y en el desafío de transformar la estabilización alcanzada en una etapa sostenida de expansión.
The Economist reconoce, al mismo tiempo, que Milei consiguió avances que al comienzo de su gestión parecían difíciles de alcanzar. La inflación anual descendió de niveles superiores al 160% antes de su llegada al poder a alrededor del 34% en julio, mientras que la economía se encamina hacia un nuevo período de crecimiento. Para la publicación, esos resultados constituyen una evidencia de que el programa de ajuste y disciplina fiscal tuvo efectos concretos.
Sin embargo, el editorial introduce un límite a esa lectura favorable: la mejora de los principales indicadores macroeconómicos todavía no se refleja plenamente en la economía cotidiana.
Los salarios reales continúan por debajo de los niveles registrados al inicio del mandato y el empleo formal sufrió un retroceso, dos variables que pueden convertirse en un problema político para un Gobierno que pretende sostener su proyecto en el tiempo.
Desde esa perspectiva, el desafío de Milei habría cambiado. Ya no se trataría únicamente de corregir los desequilibrios heredados, sino de generar las condiciones para que el sector privado invierta, produzca y contrate trabajadores.
The Economist sostiene que el Gobierno debería utilizar la estabilidad conseguida como plataforma para acelerar el crecimiento, incluso aceptando que ello pueda implicar un ritmo algo menor en la reducción de la inflación.
La revista mantiene una valoración positiva sobre el equilibrio fiscal y la decisión de evitar la emisión monetaria como mecanismo de financiamiento. Pero reclama profundizar la orientación liberal de la economía mediante el levantamiento de controles de capital y una menor intervención del Banco Central sobre el mercado cambiario.
El planteo encierra una crítica particular: The Economist no cuestiona el corazón del programa económico de Milei, sino su capacidad para completar la segunda etapa del proceso. La estabilización, sostiene, debería dejar de ser presentada como un objetivo en sí mismo y convertirse en el punto de partida de una recuperación más amplia.
El semanario también cuestionó la estrategia política del Presidente. En particular, interpretó sus referencias a la cuestión Malvinas como una herramienta destinada a movilizar a su electorado y desplazar el foco de las dificultades económicas.
A eso sumó una advertencia sobre el impacto que las denuncias de corrupción pueden tener sobre un mandatario que construyó buena parte de su discurso contra la denominada «casta».
Otro de los reclamos apunta directamente al plano social. The Economist consideró que Milei debería mostrar mayor sensibilidad frente a los sectores afectados por la reducción de subsidios, la pérdida de poder adquisitivo y la disminución del empleo formal.
