21 de septiembre de 2021

Sexualidad y familia, la cultura de la negación y el rol de los padres

5 minutos de lectura
Prof. Andrés Martínez

Los padres suelen ser reproductores de frases hechas cuando la sexualidad irrumpe en la comunicación son sus hijos. Frases tales como: “En esta casa no se habla de eso”, “si dudas, pregúntale a tu maestra”, “tu mamá sabrá explicarte, deja de preguntar esas cosas”. Muchas veces no se dan cuenta que negar y silenciar el diálogo sobre estos temas son la raíz del distanciamiento, la desconfianza, el silencio, el encierro y otras conductas peligrosas.

En el 2009, la revista BBC-NEWS, hizo pública una campaña “educativa” que se titulaba «El placer está en tus manos». En ella reflejaba la noticia de que la Junta de Extremadura (comunidad autónoma del suroeste de España) ofrece, a través de su Consejo de la Juventud y del Instituto de la Mujer, una serie de talleres de dos horas en los que se exploran diversos aspectos de la sexualidad.

Según la publicación, el temario de estos cursos -orientados a jóvenes de escuelas secundarias, de entre 14 y 17 años-, incluía entre su material de uso un folleto diseñado por una tienda de juguetes sexuales. Entre sus páginas figuraban explicaciones acerca de artefactos como vibradores o «bolas chinas» que «ayudan a reforzar la musculatura de esa zona tan olvidada de la mujer». Además, contenía dibujos de mujeres besándose con la leyenda de que la homosexualidad es una «forma de amar tan rica como cualquier otra».

Aquella noticia tomó sentido en distintos Estados y, desde entonces, fue un modelo de aplicación en algunas instituciones educativas del mundo. Los Estados e instituciones, no vacilan con la sexualidad de los niños; ellos son explícitos y abiertos sin medir consecuencias adversas en la salud mental y emocional de los niños y adolescentes.

En el plano local, Argentina, la iniciación sexual en las mujeres es a partir de los 13 años y en los varones ocurre a los 14 años. Además, de cada 10 adolescentes mujeres 4 experimentan el embarazo precoz entre los 14 a 16 años. En la etaria masculina, de cada 10 varones 8 presentan cuadros clínicos de infecciones de transmisión sexual como sífilis, VIH o hepatitis. Estos datos muestran como los padres tienen dificultades para dialogar abiertamente sobre sexualidad con sus hijos, por razones a mencionar: falta de conocimiento o eficacia (33.3%), pena o vergüenza (28.9%), edad inapropiada (10.4%) o hijo del sexo opuesto (5.9%).

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Si bien, “dato mata relato”, los números nos orientan a tomar medidas específicas en cuanto qué y cómo plantear un diálogo maduro en la familia sobre educación sexual.

Pero antes, quisiera mostrar la gravedad de tener a la sexualidad soterrada en medio de un mundo que avanza en confortar y mostrar a esta generación una sexualidad basada en el placer y liberación de prejuicios, haciendo mención de la situación de aquellos padres que profesan una fe y que se ven condicionados al momento de hablar de sexualidad a sus hijos.

La primera razón por la que no lo hacen, es porque se ha instalado la idea (falsa) de que la educación en sexualidad es dañina y perjudicial para la salud espiritual de los niños.

La segunda razón se circunscribe en la falta de superación del pasado y sus costumbres. Muchos padres que profesan una fe evangélica, consideran que no son temas a prestar atención por el simple hecho de que a ellos no los instruyeron desde niños en estos temas y por consiguiente no es trascendente hablarlo.

La tercera razón que profundiza la crisis de la negación en temas relacionado a la sexualidad, está situada en las instituciones religiosas que defienden integralmente al protestantismo y catolicismo, Aciera y Aica respectivamente. Estas organizaciones promueven en sus escritos, en defensa de la familia, textos generalizados que obnubilan el accionar de los padres a favor de la aceptación de la ESI como herramienta de prevención de conductas de riesgo.

Pero antes, quisiera mostrar la gravedad de tener a la sexualidad soterrada en medio de un mundo que avanza en confortar y mostrar a esta generación una sexualidad basada en el placer y liberación de prejuicios, haciendo mención de la situación de aquellos padres que profesan una fe y que se ven condicionados al momento de hablar de sexualidad a sus hijos.

En contrapartida a estas situaciones particulares, las sagradas escrituras reflejan el cuidado y atención del cuerpo en infinidad de veces. Cuando estas instituciones se expresan, “La Iglesia debe resistir a que le impongan programas, textos y profesores que van a enseñar en materia de educación sexual lo contrario de la moral cristiana”, generan un clima de tensión escritural y cultural que muchos padres convierten esta buena intención textual en una negación total y, así, evitan hablar con sus hijos sobre sexualidad.

Por lo tanto, es inminente el accionar de los padres en cuanto a reflejar en sus hogares la confianza necesaria para abordar los temas de salud sexual con sus hijos.

La forma más armónica es a través del diálogo sincero, marcado por un espíritu de acompañamiento más que por una actitud de enjuiciamiento.

Por otro lado, se debe procurar atender a los intereses (curiosidades) de los hijos. Los niños están cargados de expectativas y desean descubrir mundos permanentemente y ante esto, como padres, no hay que rehusarse hablar e indagar en qué y por qué el niño hace tal o cual pregunta. La peor reacción seria ejercer el enojo o huida cuando se exponen estos interrogantes.

Por último, y no menos importante, es imprescindible ejercer la verdad por más dura que parezca. Podemos, como padres, desconocer muchos términos, conductas o gestos, pero lo que no podemos es negarnos a la información y buscar ayuda cuando se generan preguntas “incómodas”. Por lo general, no hay preguntas incómodas, hay respuestas que sublevan la incomodidad y dejan a los hijos en un hilo que cualquiera puede entretejer o cortar sobre todo, los de fuera de casa.

Como epílogo, quisiera subrayar que, ante lo planteado, la sexualidad humana siempre es un sendero nuevo por recorrer, hay obstáculos y avances, hay miedos y seguridades, pero lo que realmente debe haber es determinación y decisión en educar y acompañar a los hijos en su desarrollo sexual, no dejando en manos del estado o las escuelas toda la responsabilidad de hacerlo.

Nadie tiene las palabras exactas, pero si hay una actitud correcta, entonces el consejo sabio no faltará y ese niño/a cuando es instruido por sus padres, al llegar a su vejez no se olvidará de cada expresión brindada. No seamos parte de la negación, seamos el puente que coopera con el sano desarrollo de la sexualidad de nuestros hijos.

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