Sarmiento, mucho más que un maestro
Como docente que soy, más de una vez tuve que aclarar a mis alumnos que Sarmiento no había inventado la escuela ni que por su culpa tenían que ir al colegio. La imagen que queda en el imaginario escolar del hombre nacido en San Juan en 1811, resulta muy lejana de la persona real. Porque si bien Sarmiento se asocia, con mucha justicia, al fomento de la educación y en conmemoración de su fallecimiento celebramos cada año el día del maestro, su figura es mucho más rica, mucho más polémica y mucho más compleja que el haber sido, solamente, “el padre del aula».
Por: María Cecilia Borscak*, especial para el Diario La Pluma

Sarmiento fue un hombre de su época, nació en pleno proceso revolucionario y vivió los años de construcción de la patria, sus luchas internas y sus primeras formas de organización. Todo lo que hizo fue con intensidad, interpretando el mundo con una mirada maniquea que terminó sintetizando en la disputa entre la civilización y la barbarie.
Él se ubicó en la primera y condenó toda su vida “la causa americana, española, absolutista, bárbara” que a sus ojos defendían los federales argentinos. Tomó las armas en varias oportunidades y cuando ello no alcanzó, se exilió a Chile y continuó combatiendo, como él lo entendía, con “el arma de los hombres libres”, la prensa.
Sus escritos son apasionados, sanguíneos, ágiles, incluso para un lector actual. Odió sin miramientos a todos los que consideraba un obstáculo para el desarrollo de la nación: los federales, los gauchos, los caudillos. Esos eran los aires de los tiempos,donde la fuerza aún le ganaba a la ley. Y cuando Rosas fue vencido y con él el modelo federal más conservador, Sarmiento se volcó de lleno a la vida política argentina. “En la época grandiosa que atravesamos yo no me quedaré maestro de escuela, pegado a un empleo, ni periodista. Me debo algo más.” le escribió a Mitre poco antes de que éste se convierta en presidente.
Esa ambición que lo caracterizaba lo llevó a alcanzar la presidencia en 1868, cargo desde el cual continuó combatiendo con extremada dureza las resistencias federales que aún perduraban y al mismo tiempo fomentó la educación a través de la fundación de escuelas, de bibliotecas populares y trayendo docentes del exterior. Pero esa época grandiosa que sentía vivir lo impulsó a mucho más: a su gobierno se le debe el primer censo y la notable expansión ferroviaria y telegráfica. Su obsesión por combatir lo que él entendía como barbarie lo llevó a desarrollar lo que entonces se entendía como progreso.
El Sarmiento educador que conmemoramos desde la década del cuarenta del siglo pasado, es solamente un aspecto de este hombre multifacético que vivió, como muchos en su tiempo, muchas vidas en una sola. Del aula a la presidencia, del campo de batalla al periódico, de la diplomacia a la literatura.
*María Cecilia Borscak, licenciada y profesora de Historia. en los últimos años colaboró con diferentes medios gráficos (Perfil, Infobae, La Nación, El Cronista, etc)
