2 de junio de 2026

Salarios informáticos sin regulación pierden frente a la inflación y evidencian desorganización laboral

La falta de regulación generalizada no solo impacta en el bolsillo de los trabajadores, sino que también cuestiona la sustentabilidad de un modelo que, en contextos inflacionarios, tiende a trasladar el ajuste hacia los ingresos más débiles.

El último tramo de 2025 volvió a dejar en evidencia una tendencia persistente en la economía argentina: los ingresos corren por detrás de los precios. En el sector informático, esta dinámica impactó con mayor fuerza sobre quienes trabajan fuera de convenios colectivos, donde los ajustes salariales resultaron tardíos, desiguales y claramente insuficientes.

Un relevamiento del Observatorio del Trabajo Informático muestra con claridad ese deterioro: entre octubre y diciembre, los salarios crecieron apenas un 3%, mientras que la inflación —según el INDEC— alcanzó el 7,7% en el mismo período. Esta brecha implicó una pérdida cercana a cinco puntos en el poder adquisitivo, reflejando un esquema salarial incapaz de seguir el ritmo inflacionario.

Más allá de los números, el informe pone el foco en las causas estructurales del problema. La ausencia de un convenio colectivo deja a los trabajadores sujetos a negociaciones individuales, sin parámetros comunes ni mecanismos previsibles de actualización. Esto deriva en aumentos fragmentados, muchas veces concentrados en momentos tardíos —como ocurrió en diciembre—, que no logran compensar el atraso acumulado.

En contraste, quienes están alcanzados por el convenio colectivo 1696/23, promovido por la Asociación Gremial de Computación, registraron incrementos más sostenidos y previsibles, acumulando un 6% en el trimestre. Aunque tampoco lograron ganarle a la inflación, el esquema evidencia una diferencia clave: la existencia de reglas claras que ordenan la evolución salarial y amortiguan el impacto de la volatilidad económica.

El informe también advierte sobre desigualdades internas persistentes, como la brecha entre software y hardware, donde los primeros mantienen ingresos significativamente más altos. A esto se suma una señal incipiente de desaceleración en el empleo: si bien el balance anual sigue siendo positivo, el último trimestre mostró una leve contracción que enciende alertas sobre la sostenibilidad del crecimiento del sector.

Otro punto crítico es la disparidad entre los datos oficiales y los difundidos por la Cámara de la Industria Argentina del Software. Mientras esta última reporta salarios considerablemente más altos, el OTI —basado en registros administrativos de mayor alcance— muestra valores sensiblemente inferiores. La diferencia, que en algunos casos supera el doble, sugiere posibles sesgos en las mediciones empresariales, al basarse en muestras limitadas y concentradas en compañías de mayor tamaño.

En definitiva, el escenario expone una tensión de fondo: un sector dinámico en términos productivos, pero con condiciones laborales fragmentadas.

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