10 de junio de 2026

Repatriación caótica: argentino varado en Dubái denuncia desinterés oficial y asistencia mínima

Francisco, un ciudadano argentino que quedó atrapado en Dubái durante la escalada del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, logró finalmente regresar a su país tras una odisea de más de una semana que evidenció, según su relato, la falta de coordinación y asistencia por parte del Estado argentino.

Lo que debía ser una escala breve en la ruta hacia Buenos Aires se convirtió en una estadía obligada de nueve días. “Fueron días muy complicados. Llegamos a Dubái y a las 12 horas empezó la guerra”, relató Francisco, describiendo un escenario de incertidumbre y miedo constante ante posibles ataques.

El joven destacó la tensión psicológica y logística que enfrentaron los compatriotas varados. “Estuvimos nueve días con mucha angustia porque no conocíamos el sistema de defensa de Emiratos Árabes. Escuchábamos explosiones y eso da miedo, aunque sepamos que los misiles difícilmente llegarían”, dijo.

Sin embargo, lo más crítico para Francisco fue la ausencia de apoyo institucional. Si bien el canciller Pablo Quirno se adjudicó la repatriación, el relato del viajero muestra una realidad distinta: intentos de comunicarse con la embajada argentina no obtuvieron respuestas concretas.

“Pedimos ayuda a la embajada a través de redes oficiales y nos dijeron que la información estaba en Facebook, que siguiéramos lo que publicaban allí. Nos pareció muy poco profesional”, afirmó. Según Francisco, las indicaciones que recibieron fueron limitadas a recomendaciones de seguridad local: permanecer dentro y refugiados, sin gestiones activas para facilitar su regreso.

La falta de coordinación generó frustración y sensación de abandono entre los argentinos varados. “Tenían nuestros teléfonos y nunca nos llamaron. No había ayuda ni intención de ayudar”, agregó. Incluso se canceló abruptamente una reunión virtual con el embajador, anunciada inicialmente por Facebook, lo que aumentó la desconfianza sobre la gestión oficial.

Finalmente, Francisco logró salir gracias a la intervención de una agencia de viajes que operó desde Argentina para conseguir pasajes alternativos, reflejando que la repatriación fue efectivamente autogestionada por los propios ciudadanos.

En sus palabras, la experiencia fue una “odisea” marcada por la sensación de desprotección y abandono institucional. “Lo único que queríamos era volver a casa y la sensación fue que estábamos solos”, concluyó, dejando en evidencia que la comunicación oficial y los protocolos de asistencia ante crisis internacionales continúan siendo insuficientes.

Este caso plantea preguntas sobre la capacidad del Estado argentino para responder eficazmente ante emergencias internacionales y sobre la discrepancia entre los anuncios oficiales y la experiencia real de los ciudadanos afectados.

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