30 de octubre de 2026

Reforma laboral: menos derechos y más desempleo, con 155.000 puestos formales perdidos en un año

Mientras el Gobierno defiende la reforma como una solución para el mercado laboral, las cifras obligan a revisar sus promesas. Después de 14 meses consecutivos de caída del empleo formal privado, la generación de trabajo registrado sigue siendo una deuda pendiente.

La flexibilización laboral no logró frenar la caída del empleo registrado. Según un informe de la UBA-Conicet, el trabajo formal acumula 14 meses consecutivos de retroceso en el sector privado, mientras la industria, el comercio y la construcción continúan entre las actividades más golpeadas por el modelo económico.

La reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, presentada como una herramienta para generar empleo y dinamizar el mercado de trabajo, no muestra hasta el momento los resultados prometidos.

Por el contrario, los últimos datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), dependiente de la UBA y el Conicet, exponen un escenario de deterioro sostenido del empleo registrado y ponen en discusión la efectividad de las medidas oficiales.

De acuerdo con el informe, en julio de 2026 el empleo asalariado formal total registró una caída interanual del 1,5%, equivalente a la pérdida de aproximadamente 155.000 puestos de trabajo. En comparación con noviembre de 2023, el retroceso alcanza el 3,6%, lo que representa unos 370.000 empleos menos. Solo en el último mes analizado desaparecieron más de 9.000 puestos registrados.

El sector privado concentra la mayor parte del deterioro. Durante julio perdió alrededor de 12.700 empleos formales, una caída del 0,2% mensual que prolonga a 14 meses consecutivos la tendencia negativa.

Desde noviembre de 2023, la reducción acumulada llega a 266.000 puestos, un retroceso del 4,2% que ubica la cantidad de trabajadores registrados en niveles similares a los de mayo de 2014.

Los números contrastan con el discurso oficial, que presenta la flexibilización de las condiciones laborales como una vía para promover la contratación. Sin embargo, la persistencia de la caída del empleo registrado evidencia que modificar las reglas de contratación no alcanza, por sí solo, para revertir un escenario de contracción económica y pérdida de puestos de trabajo.

Industria, comercio y construcción, entre los sectores más perjudicados

El retroceso no se limita a una actividad específica. Durante julio, ocho de los trece sectores de la economía privada redujeron sus plantillas. La construcción registró una baja mensual del 0,6%, mientras que la intermediación financiera cayó un 0,4%. Transporte, comercio, hoteles y restaurantes e industria mostraron retrocesos del 0,3%.

En términos absolutos, el comercio perdió unos 3.800 puestos formales y la industria, otros 2.800. La situación industrial resulta particularmente preocupante: acumula caídas mensuales en 33 de los últimos 35 meses y perdió cerca de 95.000 empleos desde septiembre de 2023. La construcción, por su parte, retrocedió hasta unos 377.000 trabajadores, una cifra cercana a sus mínimos históricos.

Estos indicadores reflejan las dificultades que atraviesan actividades vinculadas con el consumo interno, la producción y la inversión. En ese contexto, la pérdida de empleos registrados no solo afecta los ingresos de miles de familias, sino que también reduce los aportes a la seguridad social y debilita la estabilidad de las relaciones laborales.

La caída del empleo privado alcanzó a 17 provincias, mientras que seis registraron aumentos y una no presentó variaciones. Santa Cruz, Corrientes y Mendoza mostraron algunas de las mayores contracciones porcentuales.

Por su peso en el mercado laboral, la provincia de Buenos Aires explicó aproximadamente el 66% de los puestos perdidos durante julio, con una reducción cercana a los 8.000 empleos.

En contraste, Neuquén y Río Negro se destacan por mantener más trabajadores formales privados que en noviembre de 2023, una evolución asociada al dinamismo de la actividad hidrocarburífera.

La diferencia entre estas provincias y el resto del país evidencia que el desempeño del empleo también depende de la estructura productiva y de las oportunidades de inversión de cada región.

Aunque el empleo público sumó unos 4.700 trabajadores en julio, hasta alcanzar los 3,4 millones, el balance desde noviembre de 2023 continúa siendo negativo: acumula una reducción de aproximadamente 83.000 puestos, equivalente al 2,4%.

El trabajo en casas particulares presenta una situación aún más delicada. En julio perdió alrededor de 1.100 puestos y acumula una caída del 4,7% desde noviembre de 2023. Si se toma como referencia su máximo histórico de octubre de 2019, la contracción alcanza el 11,6%, con unas 58.000 trabajadoras menos.

Flexibilizar no garantiza crear empleo

Los datos del informe plantean un interrogante central sobre la política laboral del Gobierno: ¿qué resultados concretos puede exhibir una reforma que modifica las condiciones de trabajo mientras el empleo formal continúa retrocediendo?

La evidencia disponible no permite atribuir toda la destrucción de puestos de trabajo exclusivamente a la reforma laboral. Sin embargo, sí muestra que su implementación no coincidió con una recuperación del empleo registrado ni logró interrumpir la tendencia negativa del sector privado.

En lugar de traducirse en una expansión de las oportunidades laborales, el mercado de trabajo continúa marcado por la pérdida de puestos formales, el retroceso industrial y las dificultades de sectores fundamentales para la economía nacional.

La discusión, por lo tanto, no debería limitarse a cuánto se flexibilizan las normas, sino a qué modelo productivo se impulsa, cómo se sostiene la actividad económica y qué garantías existen para que el crecimiento se traduzca en empleo digno y estable.

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