5 de enero de 2026

Reacciones cruzadas en América Latina ante el ataque en Venezuela y la captura de Maduro

Las reacciones regionales muestran que el episodio no solo profundiza la crisis interna venezolana, sino que también reabre el debate sobre el uso de la fuerza, la soberanía estatal y el papel de las potencias extranjeras en una región históricamente marcada por tensiones geopolíticas y cambios de equilibrio político.

Ph: BBC

Las explosiones registradas este sábado 3 de enero en Caracas y otras zonas de Venezuela provocaron una rápida reacción de varios gobiernos latinoamericanos y evidenciaron una creciente fractura política en la región.

Mientras el gobierno de Nicolás Maduro denunció los hechos como una “agresión militar” de Estados Unidos, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó horas después que se trató de un ataque “a gran escala” y aseguró que Maduro y su esposa habían sido detenidos y trasladados fuera del país.

Las primeras reacciones regionales se produjeron incluso antes de que se confirmara públicamente la supuesta captura del mandatario venezolano. Colombia y Cuba, países con vínculos directos —geográficos y políticos— con Venezuela, marcaron el tono inicial del debate internacional, centrado en el riesgo de una escalada militar y sus consecuencias para la estabilidad regional.

Desde Bogotá, el presidente colombiano Gustavo Petro manifestó su “profunda preocupación” por las explosiones y la actividad aérea inusual en territorio venezolano, subrayando que estos hechos incrementan la tensión en América Latina. Petro insistió en la necesidad de evitar una mayor confrontación y llamó a las partes involucradas a priorizar el diálogo y las vías diplomáticas. Al mismo tiempo, anunció medidas preventivas para proteger a la población civil y mantener la estabilidad en la frontera colombo-venezolana, una de las más sensibles de la región.

Cuba adoptó una postura más confrontativa. El presidente Miguel Díaz-Canel condenó enérgicamente los hechos y exigió una respuesta inmediata de la comunidad internacional, calificando la operación estadounidense como un “ataque criminal”. En su mensaje, alertó que la región, definida históricamente por La Habana como una “zona de paz”, estaría siendo vulnerada por lo que describió como terrorismo de Estado.

En contraste, las reacciones de otros líderes latinoamericanos reflejaron la polarización política en torno al conflicto venezolano. El presidente argentino Javier Milei, aliado ideológico de Trump y crítico del chavismo, celebró públicamente la información sobre la detención de Maduro con un mensaje de tono triunfalista. En cambio, el presidente de Chile, Gabriel Boric, expresó preocupación y reiteró que la crisis venezolana debe abordarse mediante mecanismos multilaterales y el diálogo político, rechazando tanto la violencia como la injerencia externa.

El trasfondo de estas reacciones se explica por el incremento de la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe durante los últimos meses y por las reiteradas acusaciones de Washington contra el gobierno de Maduro, al que vincula con redes de narcotráfico. Este contexto había alimentado previamente las expectativas de una posible acción militar.

Desde Caracas, el gobierno venezolano respondió con un comunicado en el que condenó lo que calificó como una “gravísima agresión militar” por parte de Estados Unidos, advirtiendo que los hechos no solo afectan a Venezuela, sino que representan una amenaza directa para la paz y la estabilidad de América Latina y el Caribe.

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