2 de mayo de 2026

Privatización de ENARSA: el Gobierno inicia el desguace de la energética estatal

El Gobierno nacional avanzó esta madrugada, casi en silencio, con un giro decisivo en la política energética: la privatización parcial de Energía Argentina S.A. (ENARSA).

Ph: C5N

El decreto 286/2025, publicado a la medianoche del viernes, habilita la venta del 100% de las acciones que la compañía posee en CITELEC S.A., controlante de Transener, la operadora de la red eléctrica nacional.

El Ejecutivo justificó la medida con un lenguaje ya conocido: “mejorar la eficiencia del Estado”, “ordenar el funcionamiento” y “fortalecer el rol del sector privado”. La Secretaría de Energía, en un comunicado, argumentó que ENARSA ha sido durante años una estructura deficitaria, dependiente del Tesoro, y que la transferencia de funciones al capital privado permitirá “mejorar el servicio, fomentar la competencia y garantizar precios reales y sostenibles”.

Un déjà vu de los años ’90

El anuncio no es inocente en términos históricos. Remite inevitablemente al proceso de privatizaciones impulsado durante la década del 90 por el entonces presidente Carlos Menem bajo el programa de reformas estructurales exigido por el Fondo Monetario Internacional.

En aquel momento, empresas emblemáticas como YPF, Aerolíneas Argentinas, ENTEL, Gas del Estado y parte del sistema eléctrico fueron transferidas al capital privado, muchas veces a precios simbólicos y sin los marcos regulatorios adecuados.

Las consecuencias aún resuenan: concentración de servicios, caída en la inversión de largo plazo, extranjerización del sector energético y tarifas desreguladas que, lejos de mejorar la competitividad, generaron desigualdades y falta de control estatal. Algunos servicios debieron ser reestatizados años después, ante el colapso del modelo. El caso de Aerolíneas y el propio sistema ferroviario son ejemplos paradigmáticos.

El nuevo mapa del poder energético

La venta de la participación estatal en CITELEC implica que el Estado se desprende del control sobre Transener, un actor clave del sistema eléctrico nacional. Con más de 14.000 kilómetros de líneas de alta tensión y una posición estratégica en la distribución de energía, su privatización no es menor. Significa entregar a manos privadas la columna vertebral de la red eléctrica argentina, en un contexto de transición energética global y alta vulnerabilidad climática.

Además, se abre la puerta a un proceso mayor: la fragmentación de ENARSA y la eventual privatización de otras unidades de negocio, como el transporte y comercialización de gas natural o la participación en proyectos de infraestructura estratégica. En ese sentido, si bien el Gobierno aclara que “no se está privatizando ENARSA” por completo, el movimiento inicial anticipa una tendencia.

Un debate esquivado

Lo llamativo no es solo el contenido del decreto, sino la forma en que se dio a conocer: sin anuncio oficial, sin discusión parlamentaria, sin consulta pública. En un país atravesado por una crisis de legitimidad y representatividad, avanzar con la venta de activos estratégicos del Estado por decreto genera más preguntas que certezas.

La falta de debate político deja sin respuesta cuestiones clave: ¿cuáles serán los mecanismos de control? ¿Cómo se garantiza que los nuevos dueños inviertan y no simplemente extraigan rentabilidad? ¿Cuál será el impacto en las tarifas? ¿Qué papel queda para el Estado en la planificación energética a largo plazo?

El futuro energético, en juego

La privatización parcial de ENARSA no es un hecho aislado: forma parte de una lógica más amplia de repliegue estatal que el Gobierno impulsa en varias áreas clave, bajo el supuesto de que el sector privado es más eficiente por definición. Sin embargo, los antecedentes en la historia argentina muestran que las decisiones estructurales sin consenso ni planificación pueden tener efectos regresivos duraderos.

Mientras tanto, la ciudadanía asiste a un proceso que avanza más rápido que el debate público. Y el riesgo, como tantas veces, es que las decisiones que hoy se toman en nombre de la eficiencia terminen hipotecando, una vez más, el interés estratégico nacional.

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