Pobreza al limite en Córdoba: vecinos denuncian la desaparición de gatos para consumo
Más allá de las polémicas, lo que emerge con claridad es una realidad incómoda: cuando el hambre avanza, las normas sociales se debilitan, y la dignidad queda en riesgo.

La ciudad de Córdoba atraviesa una situación crítica que ya no puede explicarse únicamente en términos económicos. El aumento sostenido de personas viviendo en la calle en zonas céntricas comienza a revelar un deterioro social más profundo, marcado por la desesperación y la pérdida de condiciones mínimas de subsistencia.
En barrios como Güemes, Observatorio y Bella Vista, vecinos advierten no solo sobre hechos de inseguridad cotidiana, sino también sobre la desaparición de gatos y otras mascotas, consignó el portal Infocielo. Según testimonios recogidos en la zona, existirían casos en los que personas en situación de extrema vulnerabilidad recurren a estos animales para alimentarse.
Aunque estas versiones generan conmoción, referentes barriales insisten en no perder de vista el problema estructural: el crecimiento de la indigencia, los consumos problemáticos y el abandono estatal.
La preocupación vecinal se extiende además a un aumento de robos y hechos de violencia. Habitantes de estos barrios describen un escenario donde los arrebatos, los daños a vehículos y los saqueos menores se vuelven cada vez más frecuentes, mientras la respuesta policial resulta insuficiente ante la magnitud del problema.
El fenómeno remite inevitablemente a episodios del pasado argentino, donde el hambre llevó a situaciones extremas que quedaron grabadas en la memoria colectiva como símbolo de exclusión. Hoy, ese límite parece volver a tensionarse. Datos oficiales indican que al menos 238 personas duermen a la intemperie solo en el centro cordobés, expuestas al frío y sin acceso a condiciones básicas.
A este panorama se suma un cambio forzado en los hábitos de consumo en distintas regiones del país, donde el alto costo de la carne vacuna empuja a buscar alternativas impensadas tiempo atrás. Más que una anécdota, estos hechos reflejan el impacto de una crisis que redefine incluso la alimentación cotidiana.
Comerciantes y vecinos coinciden en que la situación ha escalado a niveles inéditos. En áreas comerciales, la convivencia se vuelve cada vez más tensa entre quienes intentan sostener sus actividades y quienes dependen de la asistencia o la mendicidad para sobrevivir.
Desde distintos sectores se advierte que el foco no debería quedar atrapado en lo anecdótico o lo impactante, sino en la emergencia social que empuja a cientos de personas fuera del sistema.
La falta de políticas integrales y de contención agrava un escenario donde la marginalidad deja de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje urbano.
