20 de mayo de 2026

Panorama incierto para empresas argentinas con los nuevos aranceles de Trump al acero y aluminio

A medida que se acentúan las tensiones comerciales entre Estados Unidos y otras naciones, las empresas argentinas deberán adaptarse rápidamente a las nuevas reglas del juego y buscar alternativas para diversificar sus mercados de exportación y proteger sus negocios ante el creciente proteccionismo global.

Las medidas proteccionistas impulsadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, siguen causando preocupación entre los industriales argentinos, que ya se encuentran en alerta ante la posibilidad de que sus exportaciones hacia la primera economía del mundo sean fuertemente afectadas.

Tras los aranceles impuestos anteriormente a productos de México, Canadá y China, el mandatario estadounidense ha tomado una nueva decisión que impacta directamente a la industria argentina: un recargo del 25% sobre todas las importaciones de acero y aluminio.

Esta medida golpeará de forma severa a algunas de las empresas argentinas más destacadas en el sector, como Tenaris y Aluar, dos gigantes que tienen una parte importante de su producción destinada al mercado estadounidense. Ambas compañías, que históricamente han sido actores clave en la exportación de acero y aluminio, verán sus costos incrementados debido a los aranceles impuestos por el gobierno de Trump, lo que podría repercutir negativamente en sus márgenes de ganancias y en su competitividad.

Durante la gestión anterior de Trump, Argentina ya había sufrido los embates de los aranceles al acero y aluminio, con un recargo del 25% para el acero y del 10% para el aluminio. En aquel entonces, el gobierno de Mauricio Macri logró negociar con la administración estadounidense para que las exportaciones argentinas quedaran exentas de impuestos, a cambio de limitar las cantidades enviadas al país norteamericano a un cupo de 180.000 toneladas por cada metal. Sin embargo, la nueva medida anunciada por Trump no parece contemplar excepciones para la Argentina, lo que deja a las empresas locales en una posición más vulnerable.

El impacto será especialmente significativo en el caso de Aluar, que exporta aproximadamente un 40% de su producción a los Estados Unidos. Esta situación podría poner en riesgo una parte importante de su facturación, lo que afectaría directamente a la estabilidad financiera de la compañía y su capacidad de mantener empleos en el país.

Frente a esta situación, el expresidente del Banco Central y economista Martín Redrado sugirió que Argentina debería hacer valer su déficit comercial crónico con Estados Unidos como argumento para quedar exceptuada de los aranceles. «En un mundo transaccional, se deben tener firmes posiciones negociadoras para no perder mercados de exportación», destacó Redrado, pidiendo a la Cancillería que tome una postura enérgica ante la decisión de Washington.

La incertidumbre se acrecienta también por el hecho de que los aranceles al acero y aluminio se aplicarán, en principio, a todos los países exportadores, lo que incluye a otras naciones competidoras de Argentina en el sector. En este contexto, las empresas argentinas deberán buscar estrategias alternativas para sortear la crisis y mantener sus vínculos comerciales con Estados Unidos.

Además, Trump ha dejado entrever que esta no será la única medida proteccionista, ya que también se prevé la imposición de nuevos aranceles a productos clave como chips de computadora, productos farmacéuticos, cobre, petróleo y gas a partir de mediados de febrero. La intensificación de la guerra comercial, sumada a la amenaza de más aranceles, coloca a las empresas argentinas en un escenario incierto, que podría resultar en una retracción de las exportaciones y un aumento de los costos para las industrias nacionales.

Mientras tanto, la administración de Javier Milei, que ha mostrado una postura cercana a la Casa Blanca, se enfrenta al desafío de gestionar estas medidas en beneficio de los intereses económicos de Argentina. Si bien la proximidad política con Trump podría jugar a favor de las negociaciones, el impacto económico que podría generar el incremento de los aranceles al acero y aluminio es difícil de minimizar.

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