25 de mayo de 2026

Murió José «Pepe» Mujica a los 89 años: Latinoamérica despide a un símbolo de humildad, lucha y coherencia

La muerte de José “Pepe” Mujica, a los 89 años, marca el cierre de una etapa en la historia política latinoamericana. Expresidente de Uruguay, campesino y símbolo de una izquierda austera y reflexiva, Mujica deja un legado profundamente humano que trasciende las fronteras de su país.

Su fallecimiento, confirmado este martes por el presidente uruguayo Yamandú Orsi, conmociona no solo a Uruguay, sino a toda una región que lo reconocía como una de sus voces más auténticas.

En enero de este año, Mujica había comunicado públicamente que su cáncer de esófago, diagnosticado en abril de 2024, se había expandido. Fiel a su estilo directo y estoico, anunció que no se sometería a más tratamientos médicos. Este lunes, su compañera de vida y también referente político, Lucía Topolansky, confirmó que se encontraba en sus últimas horas. Su muerte no fue una sorpresa, pero sí una profunda pérdida.

Una vida marcada por la lucha

Nacido el 20 de mayo de 1935 en Montevideo, Mujica se formó entre la militancia rural y la resistencia armada. Integrante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros durante los años 70, fue detenido por la dictadura uruguaya y pasó casi 13 años encarcelado en condiciones infrahumanas. Su experiencia como prisionero político, narrada en la película La noche de 12 años, marcó profundamente su visión del poder, la libertad y la justicia.

Con el retorno de la democracia, Mujica fue clave en la consolidación del Frente Amplio, siendo electo diputado, luego senador, y finalmente presidente en 2009. Su ascenso al poder fue el reflejo de una vida al servicio de los demás, con la misma ropa sencilla, la misma casa de campo y el mismo Volkswagen escarabajo que usó antes y después de su presidencia.

Un presidente diferente

Durante su mandato (2010–2015), Mujica combinó reformas estructurales con un discurso de ética pública, desapego material y defensa de las causas populares. Su gobierno impulsó medidas históricas como:

Legalización del cannabis, una política pionera en el mundo para enfrentar el narcotráfico desde la salud pública.

Legalización del aborto y del matrimonio igualitario, ampliando derechos civiles y marcando un cambio cultural de enorme profundidad.

Plan Juntos, un programa para combatir la pobreza mediante la cooperación entre el Estado, la sociedad civil y los beneficiarios.

Mujica hablaba con campesinos y con líderes mundiales, con la misma sencillez. Se destacaba por sus intervenciones en foros internacionales, como aquella memorable en la ONU donde criticó el consumismo global y defendió un modelo de vida sobrio y solidario.

Un legado más allá de la política

Tras su presidencia, volvió brevemente al Senado, aunque renunció en 2020 para “dar paso a nuevas generaciones”. Desde entonces, se mantuvo como una figura de referencia moral, sobre todo para los jóvenes. Aun cuando se alejaba de los cargos, nunca dejó de ser escuchado. Su palabra fue guía en tiempos de crisis y su figura representó una rara coherencia entre el decir y el hacer.

Pepe Mujica no fue un político perfecto ni un líder sin contradicciones, pero pocos encarnaron con tanta honestidad la idea de que la política es una herramienta para servir y no para servirse. En una época de cinismo y desencanto, su figura fue un recordatorio de que otra manera de ejercer el poder es posible.

Un adiós con dimensión continental

La muerte de Mujica ha generado reacciones inmediatas en toda América Latina. Presidentes y expresidentes de la región han expresado su pesar y han destacado su humanidad, su coherencia y su lucha incansable por la justicia social. Líderes como Lula da Silva, Evo Morales, Cristina Fernández de Kirchner y Rafael Correa han manifestado su admiración y tristeza.

Pero más allá de los homenajes oficiales, es el pueblo latinoamericano el que hoy lo llora: aquellos que lo vieron como una esperanza viva, como alguien que hablaba claro y vivía como pensaba.

Mujica solía decir que no se aferraba a la vida, pero que mientras estuviera en ella, lucharía por un mundo más justo. Hoy, ese mundo está de luto, pero también lleno de gratitud por haber contado con un hombre como él.

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