25 de abril de 2026

Minimizar situaciones de violencia doméstica pone en riesgo real a muchas mujeres

Las agresiones sistemáticas provocan daños no sólo físicos sino psicológicos, que son más difíciles de detectar y abordar

Las situaciones de violencia en la relación de pareja o intrafamiliar constituyen un problema que requiere ser abordado y tratado en toda su complejidad, porque las lesiones físicas externas son visibles, pero no sucede lo mismo con  las secuelas psicológicas, ya que no son fácilmente observables ni tampoco se reflejan de manera inmediata.

Al respecto, la Lic. Roxana Del Castillo, integrante del Equipo Interdisciplinario de la Oficina de Protección a Víctimas de Violencia Familiar y la Mujer (OVFyM), afirmó que “las secuelas constituyen siempre daños en la salud física, psíquica y social de la mujer, un menoscabo de sus derechos humanos y un riesgo para su vida”.

Al explayarse sobre esta cuestión, la profesional reseñó que “el síndrome de la mujer maltratada está basada en la teoría de la indefensión aprendida. A través de este modelo, se intenta explicar por qué algunas mujeres no pueden o no saben protegerse. Por el contrario, llegan a desarrollar estrategias para afrontar las agresiones y lograr minimizar el sufrimiento emocional”.

“Es más, aseveró, las víctimas se dan cuenta que no pueden con los golpes y que cada uno de ellos genera una destrucción de su nivel de autoestima. Se sienten paralizadas y hasta pueden llegar a sentir que el castigo recibido, es merecido”.

En lo que respecta a las secuelas más frecuentes que suelen presentar las víctimas de violencia o maltrato son estados depresivos, trastornos de ansiedad o por estrés postraumático, miedo, sentimientos de frustración, impotencia, trastornos en la alimentación y el sueño. En ocasiones, pueden llegar a sentir miedo a tener una sexualidad sin culpa.

Además, las situaciones de maltrato extremo puede generar distorsiones cognitivas tales como la negación y minimización o disociación en los momentos de mayor intensidad de los golpes. Estos mecanismos de defensa les impide en muchos casos, reconocer la situación de peligro en la que se encuentran inmersas, tanto la víctima como su familia o no saben adónde recurrir, expuso la licenciada al Área de Prensa.

Conductas y actitudes

Pasividad. Las mujeres o víctimas de violencia sienten paralizadas, seguramente por el miedo y la impotencia. De esta manera, tienden a exigirse menos, por lo que las hace sentir menos culpables de no actuar contra la persona violenta y de buscar estrategias para salir de esta situación.

Pérdida de control. Las mujeres sienten que otras personas tienen que darle directivas con respecto a lo que tiene que hacer, porque no asumen que ellas son las que deben actuar.
Identificación con el agresor. En algunos casos, las víctimas hasta llegan a justificar e identificarse con el agresor.

Finalmente, la Lic. Del Castillo sostuvo que “la exposición a situaciones de maltrato o traumáticas, puede cambiar la forma en que una persona se puede ver a sí misma, a los demás y al mundo”.

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