Martin Menem minimizó la visita de los periodistas Jorge Rial y Mauro Federico a la Comisión de Libertad de Expresión
La visita de los periodistas Jorge Rial y Mauro Federico a la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados, en el marco de la controversia por el intento de censura judicial a audios que involucran a Karina Milei, ha desatado una reacción de desmarque por parte de las más altas esferas del oficialismo.

El presidente de la Cámara, Martín Menem, salió a cuestionar públicamente el encuentro, minimizando su importancia y sugiriendo que se trató de un evento informal con «finalidad política o de promoción mediática», lo que revela la incomodidad del Gobierno ante un tema que lo coloca en una posición defensiva.
El comunicado de Menem, difundido a través de su cuenta de X, es una pieza de comunicación política que busca controlar la narrativa. Al aclarar que no se trató de una «reunión de comisión», sino de un «encuentro informal», el titular de Diputados intenta despojar de legitimidad institucional la presencia de los periodistas. Este movimiento no es casual. La visita de Rial y Federico se produce en un contexto de alta tensión, donde la libertad de prensa y la transparencia del gobierno están siendo puestas en tela de juicio. El hecho de que la Comisión de Libertad de Expresión, un espacio natural para este tipo de debates, haya sido el escenario del encuentro, otorga al suceso una relevancia simbólica que el oficialismo busca desactivar.
Las acusaciones de Menem, al referirse a la «necesidad de cobrar protagonismo» de algunos actores que «añoran antiguos privilegios», apuntan directamente a la figura de Jorge Rial, un periodista con un historial de confrontaciones y de cercanía con el poder en gobiernos anteriores. Esta retórica, que vincula al periodista con «la casta» y los privilegios, es una estrategia recurrente del oficialismo para deslegitimar a sus críticos. Sin embargo, en este caso, la crítica se produce en un momento inoportuno, ya que parece más un intento desesperado por desviar la atención de la polémica principal: el intento de censura y las denuncias de corrupción que rodean a Karina Milei.
El hecho de que el propio presidente de la Cámara de Diputados se sienta obligado a intervenir para aclarar la situación subraya la magnitud de la crisis. La controversia ha escalado a un nivel tal que el oficialismo no puede ignorarla, pero tampoco parece tener una respuesta clara y convincente. La estrategia de Menem de negar la formalidad del encuentro y de atacar a los periodistas en lugar de abordar el fondo de la cuestión -la libertad de expresión y la transparencia- demuestra la dificultad del gobierno para manejar una crisis que pone en jaque su narrativa anticorrupción y antisistema.
En última instancia, el comunicado de Menem no solo cuestiona la visita de Rial y Federico, sino que también pone en evidencia la fragilidad del oficialismo ante las críticas. La reacción del presidente de Diputados, en lugar de apaciguar las aguas, parece haberle dado más visibilidad al encuentro, confirmando su importancia simbólica y la incomodidad que genera en el gobierno. La polémica por los audios de Karina Milei, lejos de amainar, parece estar generando un efecto dominó que está obligando al oficialismo a tomar medidas defensivas cada vez más visibles y, en algunos casos, contraproducentes.
