26 de abril de 2026

Luis Caputo: entre la confianza oficial y las contradicciones del modelo económico

El Gobierno apuesta a la confianza del mercado y a un shock de expectativas. Sin embargo, la credibilidad no se construye solo con discursos optimistas ni con señales a los inversores, sino con resultados concretos para la economía real. Y hasta el momento, esos resultados siguen sin aparecer.

Ph: C5N

En una entrevista ofrecida en un canal de streaming afín al oficialismo libertario, el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que “la acumulación de reservas no tiene la importancia que tenía hace algunos meses”, una afirmación que resulta, como mínimo, polémica si se considera que el cumplimiento de metas de reservas internacionales es una condición clave del acuerdo vigente con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Caputo intentó matizar su mensaje al señalar que “es una meta que nos proponemos cumplir”, aunque aclaró que ya no representa un objetivo prioritario, dado el contexto de tipo de cambio flotante y un Banco Central “capitalizado”. No obstante, esa capitalización, en gran parte técnica y contable, no significa necesariamente mayor poder de fuego real en divisas ni garantiza estabilidad financiera. Su comparación con la inflación —a la que definió como “una consecuencia del buen funcionamiento del programa”— busca sostener la narrativa oficial: si se mantiene el superávit fiscal y se evita la emisión, “la inflación colapsa”. Sin embargo, esta mirada no contempla el impacto social del ajuste ni el deterioro de la actividad económica.

Las declaraciones parecen tener como trasfondo la presión que ejerce el propio FMI, que exige una acumulación de aproximadamente 4.000 millones de dólares para no declarar un incumplimiento. La defensa de Caputo radica en un juego de expectativas: asegura que el FMI “está contento” con el funcionamiento del programa, pero evita hablar del deterioro de las reservas netas y la necesidad de recurrir nuevamente a endeudamiento externo para sostener las cuentas.

En línea con esto, se anunciaron medidas para conseguir unos 7.000 millones de dólares a través de deuda, préstamos con bancos privados y bonos para absorber pesos. Un retorno al esquema de financiamiento que marcó los años de Macri, con resultados negativos, especialmente para los sectores más vulnerables. El gobierno de Milei promete “menos impuestos y menos regulaciones”, pero esa liberalización convive con una contracción del consumo, recesión, y un escenario de creciente conflictividad social.

El sistema de bandas cambiarias, defendido con rigidez por Caputo, también ha sido cuestionado. Aunque el ministro busca mostrar previsibilidad en el funcionamiento del esquema —sólo comprar en el piso y vender en el techo—, lo cierto es que el propio mercado desconfía de que el Banco Central no intervenga discrecionalmente. La sugerencia del ministro sobre la posibilidad de que el Tesoro compre dólares “con superávit propio” sin generar emisión parece una jugada contable para cumplir con el FMI sin resolver el problema estructural de escasez de divisas.

Finalmente, los elogios al “orden macroeconómico” por parte del viceministro José Luis Daza y la afirmación de que Argentina tiene “la macro más ordenada del mundo” resultan desproporcionadas y desconectadas de la realidad. En medio de una economía en recesión, con caída del empleo formal y una inflación aún elevada, estas declaraciones rozan el negacionismo económico.

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