Los salarios de convenio se hunden: pérdida del 20% de poder adquisitivo
El retroceso del 20% en los salarios de convenio no solo es un indicador de pérdida económica: es también una señal política sobre la erosión del poder de negociación colectiva en un país donde la inflación y el ajuste reconfiguran las relaciones laborales. La brecha interna que se amplía en el empleo formal refleja un cambio de paradigma: los convenios ya no garantizan mejoras, y el mercado laboral argentino se encamina hacia una mayor desigualdad estructural.

Un informe de la Secretaría de Trabajo expone un deterioro profundo en la estructura salarial argentina: entre 2017 y 2025, los salarios de convenio perdieron un 20% de poder adquisitivo, mientras que los sueldos más altos retrocedieron apenas un 10%.
Este diferencial generó un aumento de la desigualdad del 8% dentro del propio empleo formal, un fenómeno que revela cómo la precarización no solo avanza en los márgenes del mercado laboral, sino también en el núcleo registrado.
La dinámica de los convenios colectivos, históricamente concebidos como garantía de estabilidad y mejora salarial, muestra una contracara inesperada: lejos de proteger el ingreso de los trabajadores, terminaron generando aumentos por debajo de los aplicados a sectores de mayores salarios. Mientras los empleados de ingresos bajos y medios recibieron incrementos en línea con las paritarias, los deciles superiores accedieron a subas adicionales por desempeño, premios y beneficios selectivos que ampliaron la brecha interna.
El informe oficial subraya que la pérdida de poder adquisitivo en los convenios colectivos fue sostenida desde 2018, consolidando una tendencia regresiva que debilitó la herramienta paritaria como mecanismo de defensa frente a la inflación. En paralelo, el coeficiente de Gini confirmó el incremento de la desigualdad dentro del sector privado registrado.
El panorama se agrava con la transformación estructural del mercado laboral: entre enero y julio de 2025, el empleo asalariado registrado se redujo un 0,2%, mientras que los monotributistas crecieron un 3,5%. Este dato muestra cómo las empresas avanzan hacia esquemas de contratación más flexibles e independientes, con menos derechos y protección social.
El resultado es un mercado laboral fragmentado: por un lado, trabajadores de convenio que pierden poder adquisitivo; por otro, empleados de altos ingresos que logran preservar parte de su poder de compra; y, en el medio, una masa creciente de trabajadores independientes que encarnan nuevas formas de precarización.
