«La única verdad es la realidad»
«La única verdad es la realidad». La máxima escrita en los frontispicios griegos y retomada por Juan Domingo Perón mantiene plena vigencia frente al escenario actual. Mientras importantes sectores dirigentes del campo nacional y popular concentran hoy sus esfuerzos en la construcción de alianzas y armados electorales con la mirada puesta en 2027, la realidad nos enfrenta a un desafío mucho más profundo: la defensa misma de la Nación.
Por Jorge Rachid*

Pensar que el tiempo transcurrirá como un camino institucional sin sobresaltos hacia una nueva elección implica desconocer la magnitud del proceso que atraviesa la Argentina.
Asistimos a una etapa de claudicación nacional marcada por la entrega del patrimonio público, concesiones y privatizaciones de largo plazo, endeudamiento que compromete a generaciones futuras y una creciente pérdida de soberanía.
La advertencia es clara: la Patria puede dejar de ser la que conocimos y no advertirlo constituye una peligrosa inconciencia política que alimenta el internismo y desvía la mirada del verdadero problema.
Identificar al enemigo
Existe un proyecto estratégico sobre la Argentina y América Latina impulsado por la alianza entre Estados Unidos, Israel, el Reino Unido y la OTAN.
Ese proyecto busca garantizar el control de los recursos naturales y consolidar posiciones geopolíticas en una región que adquiere cada vez mayor relevancia internacional. En ese contexto, Javier Milei aparece como el instrumento local de una estrategia que responde a intereses ajenos a los del pueblo argentino.
Lo que hoy presenciamos es una nueva forma de colonialismo. Ya no se trata únicamente de dominación militar o política, sino de una subordinación económica, financiera y cultural que condiciona la capacidad de decisión de los Estados nacionales.
El alejamiento de la Argentina de China, Rusia, los BRICS y otros espacios alternativos de cooperación internacional representa un retroceso que profundiza la dependencia, debilita la soberanía y acelera un proceso de desindustrialización que condena al país a convertirse, nuevamente, en un simple exportador de materias primas.
Recuperar el pensamiento crítico

También debemos asumir una discusión profunda dentro del propio campo nacional y popular. El predominio del electoralismo y del internismo ha desplazado el debate doctrinario y estratégico sobre el proyecto de Nación. La política no puede reducirse a la disputa por candidaturas mientras el país enfrenta un proceso de transformación estructural que compromete su futuro.
Las nuevas generaciones tampoco pueden cargar con conflictos heredados ni quedar atrapadas en estructuras alejadas de la doctrina justicialista. Necesitan encontrar una dirigencia capaz de recuperar valores, construir nuevos cuadros políticos y volver a poner en el centro la Liberación Nacional y la felicidad del Pueblo.
La disputa cultural
La confrontación también se desarrolla en el terreno cultural. Los grandes medios de comunicación y las redes sociales operan sobre las emociones, profundizando una lógica binaria basada en el odio, la fragmentación y el enfrentamiento permanente. Esa cultura dominante debilita los vínculos sociales y dificulta la construcción de un proyecto colectivo.
Frente a ese escenario resulta imprescindible recuperar el papel del Estado como ordenador de la vida social, fortalecer la soberanía económica, revisar el peso de la deuda externa y reconstruir capacidades estratégicas en áreas como la ciencia, la defensa, el desarrollo tecnológico y los bienes naturales.
El desafío de una nueva etapa
La reconstrucción nacional exige abandonar el papel de simples observadores para asumir un protagonismo activo junto al pueblo. No alcanza con describir la realidad: es necesario transformarla.
Eso supone dejar atrás el internismo, recuperar la identidad doctrinaria y construir un proyecto político capaz de devolver esperanza, reconstruir la felicidad del pueblo y restituir la grandeza de la Nación.
Ese es el desafío de esta etapa histórica y también la responsabilidad de quienes todavía creen que la política debe estar al servicio de la Patria y no de los intereses del poder.
*Médico, cirujano y sanitarista
