11 de mayo de 2026

La sombra de los negocios privados sobre el patrimonio turístico, Eduardo Elsztain en la mira

En un giro que sucitó la indignación de muchos, el gobierno de Javier Milei dio un paso decisivo hacia la privatización de las unidades turísticas estatales de Chapadmalal y Embalse, emblemáticos complejos inaugurados durante la presidencia de Juan Domingo Perón.

Esta decisión implica que, en lugar de seguir bajo la tutela de la Secretaría de Turismo, estos valiosos espacios pasarán a manos de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), liderada por un director que tiene vínculos directos con el empresario Eduardo Elsztain, consignó Crónica Política. Elsztain, reconocido por su influencia en el sector inmobiliario a través de IRSA, se encuentra en una posición privilegiada para hacerse con estos complejos.

La cercanía entre el empresario y el presidente Milei plantea serias dudas sobre la transparencia de este proceso y el verdadero objetivo detrás de la desregulación del turismo social en el país.

La figura de Nicolás Pakgojz, ejecutivo de IRSA y mano derecha de Elsztain, al frente de esta negociación, solo intensifica las sospechas sobre un posible conflicto de intereses.

El plan del gobierno, que se prevé culminar con despidos masivos de empleados de ambos complejos, no solo afecta a los trabajadores, sino que también pone en riesgo la continuidad de servicios que han sido un pilar para el turismo social en Argentina. La intención de cerrar los complejos para facilitar su venta plantea interrogantes sobre el futuro de estos lugares, que son considerados Monumento Histórico Nacional y poseen protecciones legales que complican su privatización.

A pesar de los obstáculos legales, el gobierno parece decidido a avanzar en este plan. La propuesta de deshacerse de estos espacios turísticos, que han sido parte del patrimonio cultural argentino, no solo revela la agenda privatizadora de la administración Milei, sino que también deja entrever una preocupante tendencia hacia el favorecimiento de intereses privados en detrimento del bien común.

La decisión de cerrar Chapadmalal y Embalse representa un ataque directo al turismo social, que ha brindado oportunidades de esparcimiento a miles de argentinos de diversos estratos socioeconómicos. En este contexto, la posibilidad de que Eduardo Elsztain se convierta en el nuevo propietario de estos complejos plantea una serie de preguntas sobre la ética de los vínculos entre el poder político y los negocios privados.

Mientras el gobierno avanza con su plan, es fundamental que la ciudadanía permanezca alerta y exija rendición de cuentas. La defensa del patrimonio nacional y la protección de los derechos laborales deben ser prioridades en un momento en que el futuro del turismo en Argentina se encuentra en la balanza. La historia de Chapadmalal y Embalse no debería ser un capítulo más en la agenda de negocios de unos pocos, sino un legado que continúe beneficiando a todos los argentinos.

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