11 de mayo de 2026

La paradoja argentina: 4,5 millones de trabajadores son pobres, el empleo no garantiza la subsistencia

Este dato no es una simple estadística; exponen una paradoja estructural que desacopla el concepto de trabajo de la garantía de subsistencia digna, evidenciando el profundo deterioro del mercado laboral.

Un informe reciente de la Fundación Mediterránea ha encendido una luz de alarma sobre la calidad del empleo en Argentina, revelando que uno de cada cinco trabajadores (equivalente a 4,5 millones de personas) se encuentra por debajo de la línea de pobreza .

Informalidad y la vulnerabilidad
El análisis elaborado por Laura Caullo y Federico Belich es contundente al señalar que el problema principal radica en la insuficiencia de los ingresos , un fenómeno que se concentra de manera crítica en la informalidad .

Mientras que la pobreza entre los desocupados es previsiblemente alta (58,9%), la cifra entre los ocupados (21,6%) demuestra que la mera generación de puestos de trabajo de baja productividad actúa como una trampa de pobreza.

Los números más preocupantes se sitúan en los márgenes de la economía formal:

►El 40,5% de los independientes no registrados son pobres.

►El 37,5% de los asalariados informales no logran cubrir la canasta básica.

Esta concentración de la pobreza en el sector informal y no registrado revela el fracaso de este tipo de empleo como herramienta de movilidad social ascendente. Es un empleo que engrosa las estadísticas de ocupación, pero que no resuelve el núcleo duro de la vulnerabilidad .

Desigualdad regional: la herida territorial

El informe subraya que esta crisis de ingresos no afecta a la Argentina de manera homogénea. Existe una profunda desigualdad regional donde las provincias con mayores tasas de informalidad se convierten en epicentros de la pobreza laboral. Lideran el ranking provincias como Tucumán (58%) , San Juan (57%) , y un conjunto de ellas —como Salta, Santiago del Estero y Formosa— que superan el 50% de empleo informal.

Esta disparidad demuestra que la recuperación económica, cuando ocurre, es selectiva y de baja calidad , profundizando las brechas territoriales y sociales. La política económica debe reconocer esta matriz regional de informalidad para poder atacarla con efectividad.

La necesidad de un enfoque crítico en la política laboral

Los investigadores de la Fundación Mediterránea son claros: el desafío no es simplemente la cantidad de empleo, sino la «calidad de las inserciones laborales» . Esto implica una crítica directa a cualquier política que priorice la cantidad de puestos por encima de su formalidad, estabilidad y productividad.

La solución pasa por un cambio de paradigma que priorizamos:

►Empleo formal: Garantizar el acceso a derechos y una remuneración suficiente.

►Capacitación: Inversión en capacidades laborales para aumentar la productividad.

►Incentivos a la formalización: Estrategias que facilitan la transición del empleo informal al formal.

En un contexto de alta inflación y salarios estancados, el trabajo no es visto como un factor de estabilidad macroeconómica y crecimiento, sino como un síntoma de un modelo que tolera y genera empleo precario. La conclusión es ineludible: sin una inversión decidida en la calidad laboral , cualquier mejora en las tasas de ocupación será una victoria pírrica que ocultará una sociedad con más trabajadores, pero igualmente más pobre.

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