28 de mayo de 2026

La metalurgia profundiza su crisis: se desploma más de 10% y opera con niveles críticos de inactividad

En el acumulado del primer bimestre, el sector registra una contracción del 8,2%, en un escenario dominado por la debilidad del mercado interno y la ausencia de señales concretas de reactivación. Lejos de estabilizarse, la actividad parece ingresar en una fase de mayor fragilidad.

La industria metalúrgica volvió a mostrar un fuerte deterioro en febrero, con una caída interanual del 10,3% y un retroceso del 1,9% frente a enero, según datos de Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina.

El desempeño confirma la profundización de una tendencia recesiva que ya arrastra varios meses y que golpea de lleno a uno de los núcleos industriales del país.

Uno de los indicadores más alarmantes es el uso de la capacidad instalada, que descendió al 40,2%, el nivel más bajo de los últimos cuatro años. Este dato no solo evidencia la magnitud de la parálisis productiva, sino que expone el fuerte descalce entre la estructura industrial existente y una demanda que no logra recuperarse.

El retroceso no distingue segmentos: impacta de manera generalizada en toda la cadena metalúrgica. Las caídas más pronunciadas se verificaron en fundición (-15%), bienes de capital (-14,6%), autopartes (-12%), equipamiento médico (-11,6%) y equipos eléctricos (-10,2%), reflejando un freno tanto en la producción como en la inversión.

A nivel geográfico, los principales polos industriales replican la tendencia negativa. La provincia de Buenos Aires encabeza las bajas con un descenso del 12,9%, seguida por Córdoba (-11,9%), Mendoza (-10,2%), Entre Ríos (-9,8%) y Santa Fe (-4,3%).

El presidente de la entidad, Elio Del Re, advirtió que el sector atraviesa un escenario crítico, marcado por elevados niveles de capacidad ociosa y sin perspectivas de mejora en el corto plazo. En esa línea, subrayó que la contracción del consumo interno está erosionando la producción y comprometiendo la rentabilidad empresaria.

El deterioro ya comienza a trasladarse al empleo. Si bien en la comparación mensual no se registraron cambios, en términos interanuales el sector perdió un 1,8% de sus puestos de trabajo, una señal de alerta sobre el impacto social de la recesión industrial.

El cuadro que describe el informe deja al descubierto una problemática estructural: una industria con capacidad instalada subutilizada, demanda deprimida y crecientes dificultades para sostener su entramado productivo, en un contexto donde la recuperación aún no aparece en el horizonte cercano.

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