27 de mayo de 2026

La industria metalúrgica se hunde a niveles de pandemia: la apertura importadora sacrifica empresa y empleo nacional

La política de facilitar la importación de bienes de capital, que teóricamente busca modernizar la economía, opera en la práctica como un factor que sacrifica empleo y desarrollo industrial nacional en el altar de la competencia externa y la lógica del «libre mercado».

La industria metalúrgica argentina se encuentra inmersa en una profunda crisis, con caídas de producción que, según el informe de ADIMRA, retrotraen al sector a los niveles de utilización de capacidad instaladas registrados durante la etapa más estricta del confinamiento en 2020.

En septiembre, la producción se desplomó un 5,2% interanual, y el uso de la capacidad tocó un piso histórico reciente, confirmando una «parálisis preocupante» con una actividad que se mantiene un 30% por debajo de sus picos históricos.

El enfoque crítico se centra en las políticas económicas que actúan como catalizadores de esta debacle. La narrativa de la crisis no se limita a la recesión interna, sino que apunta directamente a la apertura indiscriminada de importaciones , una estrategia promovida por el Gobierno. La eliminación del impuesto PAIS y la flexibilización del régimen de compras internacionales implementadas desde multas del año pasado han generado un aumento importador de China y Brasil, que creció una alarmante 28,4% en dólares (y 55,4% en volumen) en un contexto donde caen las exportaciones metalúrgicas nacionales.

Esta avalancha de bienes de capital y maquinaria, ejemplificada por el salto del 77,2% en las importaciones de bienes de capital productivo, refleja lo que una fuente del sector resumió crudamente: «Este modelo de libre mercado te lleva a China». La crítica radica en la priorización del abasto externo, incluso de maquinaria usada, sobre el sostenimiento de la industria local, desprotegiendo sectores clave como Maquinaria Agrícola (-4,8%) y Autopartes (-10,8%).

La consecuencia más inmediata de este «modelo» es el inminente impacto social. Si bien las pymes metalúrgicas han resistido los despidos masivos por la alta calificación de su personal, el empleo ya muestra una contracción interanual del 3,2%. Con un 90% de las empresas que no planea contratar y la mayoría previendo reducir la producción para fin de año, el vaticinio de que «el golpe al empleo se sentirá a fin de año» es la advertencia más grave del sector.

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