5 de enero de 2026

La imagen como mensaje político: la foto de Maduro detenido y la estrategia comunicacional de Washington

La foto difundida por Trump trasciende el valor informativo. Se convierte en un instrumento de poder blando y duro a la vez: comunica un hecho, legitima una acción y busca condicionar las interpretaciones futuras sobre lo ocurrido en Venezuela. En esta nueva etapa del conflicto, la batalla no se libra solo en el terreno militar o judicial, sino también en el simbólico.

La publicación de la primera fotografía de Nicolás Maduro detenido marca un punto de inflexión en la crisis venezolana y, al mismo tiempo, revela la centralidad de la comunicación política en la estrategia de Estados Unidos.

Difundida por Donald Trump a través de su red social Truth, la imagen del mandatario venezolano bajo custodia en el USS Iwo Jima no solo busca confirmar su captura, sino también construir un relato visual de control, poder y desenlace.

La fotografía muestra a Maduro con ropa deportiva, una botella de agua en la mano, auriculares y gafas oscuras que le cubren los ojos. El encuadre y los elementos no parecen casuales: la escena transmite una aparente calma física, pero también una pérdida total de autonomía. En términos simbólicos, la imagen funciona como “prueba de vida” —en respuesta indirecta al reclamo de la vicepresidenta Delcy Rodríguez— y como señal política hacia aliados y detractores, tanto dentro como fuera de Venezuela.

El impacto de la foto se amplifica por el contexto en el que aparece. Horas antes, el país había despertado con explosiones en distintos puntos del territorio y con la declaración de “conmoción exterior” por parte del gobierno venezolano, que denunció una agresión militar estadounidense. La difusión de la imagen, en ese escenario de incertidumbre, contribuyó a consolidar una narrativa unilateral de los hechos, en la que Washington impone tiempos, información y encuadres.

Desde el plano internacional, la decisión de Trump de mostrar a un jefe de Estado detenido plantea interrogantes sobre las normas diplomáticas y el derecho internacional. Más allá de la legalidad de la operación, la exhibición pública de la captura refuerza la lógica de victoria política y disuasión: no se trata solo de neutralizar a un adversario, sino de hacerlo visible ante el mundo.

En el plano interno venezolano, la imagen profundiza el vacío de poder y acelera el debate sobre la conducción del país. La confirmación visual de la detención de Maduro debilita cualquier intento de sostener una narrativa de continuidad institucional y obliga a los actores políticos locales a redefinir sus posiciones en un escenario de transición forzada.

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